Las primarias demócratas eligen una estrategia bipartidista. En la derecha, Cornyn y Paxton van a segunda vuelta y Crenshaw cae sin apoyo de Trump.

En Queens, en la barbería de Don Miguel, la gente hablaba el martes de las primarias de Texas como si fueran propias. Porque de alguna manera, lo son. Cada elección en Texas es una elección en todo el país. Y el 3 de marzo, Texas mandó un mensaje claro: los demócratas eligieron amplitud. Los republicanos eligieron lealtad a Trump.

James Talarico ganó las primarias demócratas para el Senado de Texas derrotando a Jasmine Crockett, una representante con perfil progresista y base electoral fuerte. Pero Talarico no ganó buscando a los demócratas más puros. Ganó yendo por todos.

Su estrategia fue de amplio espectro: apeló a votantes de ambos partidos e independientes. En un estado donde los demócratas perdieron la presidencia por 8 puntos hace cuatro años, eso no es un dato menor. Es una apuesta. Es decir: para que el demócrata gane en Texas, primero tiene que dejar de parecer solo un demócrata.

Ahora Talarico se enfrenta a lo que salga de la pelea republicana. Y esa pelea es otra historia.

El lado republicano: Cornyn vs. Paxton, con Trump como árbitro

El senador John Cornyn y el fiscal general Ken Paxton irán a segunda vuelta el 26 de mayo. Ninguno de los dos sacó más del 50% el 3 de marzo. Ninguno de los dos puede declararse ganador. Y eso significa que todavía hay espacio para que Trump mueva fichas.

Cornyn mantuvo su posición incluso en los condados más conservadores. Eso suena técnico, pero significa algo político: Cornyn tiene raíces. Tiene estructura. Lleva años construyendo relaciones. Paxton tiene otro tipo de fuerza: es visto como más radical, más del ala dura de la derecha.

Lo interesante es que tampoco Trump ha decidido. Al menos no públicamente. Y eso significa que los próximos dos meses y medio van a ser intensos.

Más intenso aún fue lo que pasó en la otra carrera republicana: Dan Crenshaw, el representante con parche de pirata que Trump había apoyado en el pasado, fue derrotado por Steve Toth en las primarias del 3 de marzo. Y Trump no lo endosó esta vez.

Eso es importante. Crenshaw es establishment republicano. Tiene experiencia. Pero en 2026, en Texas, eso no fue suficiente. Trump el silencio es un mensaje. Es decir: "no es mi pez". Y cuando Trump no mueve un dedo por ti en una primaria republicana, probablemente estés fuera.

La elección del lado de allá: North Carolina se prepara para una batalla real

Mientras Texas elige entre estrategias, en Carolina del Norte se está armando otra contienda. El exgobernador demócrata Roy Cooper se enfrentará al expresidente del Comité Nacional Republicano Michael Whatley.

Ambos ganaron sus primarias. Los dos son nombres serios. Los dos tienen experiencia en política de nivel nacional. Y la carrera ya está clasificada como muy competitiva. Lo que significa que, a diferencia de Texas (donde los republicanos tienen ventaja), en Carolina del Norte ambos lados empiezan en pie de igualdad.

Eso es raro en el Sur de 2026. Significa que hay grietas. Que hay mujeres republicanas que votaron por Biden en 2020. Que hay trabajadores independientes cansados del ruido. Que hay espacio para que un demócrata que sepa hablar a esos votantes pueda ganar.

Cooper sabe hablar a esos votantes. Fue gobernador. No es un ideólogo. Es un político que entiende que tienes que gobernar para todos, incluso si ganaste solo con la mitad.

En México, reforma electoral lista para el juego político

Mientras el norte define sus candidatos, en México la presidenta Claudia Sheinbaum completó los ajustes finales a la reforma electoral el 3 de marzo. La entregó a la Cámara de Diputados el 4 de marzo, después de un retraso de dos días.

Ricardo Monreal, coordinador de diputados de Morena, confirmó que está lista. Lo que significa que en México también empieza el proceso. La reforma electoral que cambiaría cómo se elige al poder judicial va a ser debatida por los diputados.

Es interesante notar el timing: mientras en el Norte demócratas y republicanos definen sus candidatos en primarias, en México el gobierno de la 4T está moviendo sus fichas legislativas. Son sistemas distintos, pero el mensaje es el mismo: marzo de 2026 es un mes donde el poder se redefine en Norteamérica.

Lo que espera después

Talarico ya ganó su batalla. Talarico ya tiene que ganar la siguiente: convencer a Texas. Cornyn y Paxton todavía compiten. Trump todavía puede mover el tablero.

Cooper y Whatley están listos. Carolina del Norte será más competitiva que Texas, y todos lo saben.

Y en México, la reforma electoral está en manos de los diputados. Está lista para el juego político que define cómo se elige el poder en el país más poblado de la región.

Marzo de 2026. Marzo de cambios. Marzo de decisiones que van a reverberar hasta 2028 y más allá.


Por Diana Torres