Un senador de Oklahoma sin experiencia en seguridad nacional asume la cartera más militarizada del gobierno estadounidense

El jueves 5 de marzo, el presidente Trump anunció la destitución de Kristi Noem como secretaria del Departamento de Seguridad Nacional. Su reemplazo será Markwayne Mullin, senador republicano de primer término por Oklahoma y exluchador de artes marciales mixtas.

Más allá del drama del palacio presidencial, esta destitución revela algo fundamental sobre cómo el trumpismo gestiona la política migratoria y de seguridad en Estados Unidos: no se trata de coherencia, competencia o arquitectura institucional. Se trata de lealtad personal y capacidad para ejecutar políticas sin cuestionamiento.

La pregunta incómoda: ¿Quién paga esto?

El Departamento de Seguridad Nacional es la agencia más grande del gobierno federal después del Departamento de Defensa. Maneja la frontera sur, controla inmigración, gestiona FEMA (que responde a desastres naturales), administra la Patrulla Fronteriza, y coordina políticas de vigilancia interna. Su presupuesto anual ronda los 60 mil millones de dólares — más que el presupuesto completo de muchos países.

Ahora bien: Markwayne Mullin es un senador de primer término que llegó al Senado en 2023. Su carrera política comienza donde termina la de muchas personas: en la visibilidad que da ser un hombre blanco que ha peleado en octágonos. Antes de ser senador, fue congresista. No tiene experiencia documentada en política de seguridad nacional, en manejo de crisis, en infraestructura fronteriza, en coordinación interagencial.

Pero tiene algo que Trump valora más: la disposición a hacer lo que se le pida.

El patrón: incompetencia garantizada

Esto no es nuevo. El primer mandato de Trump se caracterizó por colocar a personas leales pero inexpertas en posiciones críticas. A veces fallaban espectacularmente. A veces, simplemente hacían lo que el presidente quería sin preguntas incómodas sobre legalidad, consecuencias o impacto en las comunidades afectadas.

Noem, que provenía del gobernatoría de Dakota del Sur, al menos tenía experiencia ejecutiva. Mullin trae experiencia en negociación empresarial (es dueño de negocios en Oklahoma) y en combate deportivo. El salto es vertiginoso.

Para las familias migrantes que viven en la incertidumbre sobre políticas fronterizo, para los trabajadores de la Patrulla Fronteriza que necesitan liderazgo competente, para las comunidades fronterizas que dependen de decisiones coordinadas entre agencias federales — el cambio es una señal: esto no va a mejorar. Va a ser más impredecible.

La militarización de lo cotidiano

Donde otros ven un cambio administrativo, los analistas de política pública ven una aceleración. Mullin ha sido consistentemente a favor de un enfoque de "seguridad nacional" sobre cualquier otra consideración en el tema migratorio. Durante su tiempo en el Senado, ha votado por endurecimiento de políticas, asignaciones presupuestarias para tecnología de vigilancia fronteriza, y ha expresado públicamente su desconfianza por los mecanismos legales de asilo.

Está documentado que Mullin ha sido crítico de NGOs que trabajan con migrantes. No es especulación: son posiciones públicas que ha tomado. Un senador que llega a DHS con esas convicciones, y sin la contrapesa de experiencia en humanitarios, derechos civiles o gestión de crisis, tiende a profundizar lo que ya existe: una agencia cada vez más militarizada, menos preocupada por procesos legales, más enfocada en "control" que en orden.

Para quién es la "seguridad nacional"

Acá está el meollo. Trump vende "seguridad nacional" como si fuera protección para todos. Pero la experiencia de los últimos años muestra que significa cosas muy distintas para personas distintas.

Para un ejecutivo de una empresa de defensa o de tecnología de vigilancia, significa contratos. Para una familia migrante que busca asilo después de huir de violencia, significa arbitrariedad: un funcionario nuevo, un criterio nuevo, una puerta que se cierra más rápido.

Para los trabajadores fronterizos y sus familias en Texas, Arizona, Nuevo México — significa que las decisiones que afectan sus vidas se toman cada vez más desde Washington, con menos entrada local, con menos consideración de complejidad.

Multin va a llegar a DHS sin la experiencia que requiere el cargo. Pero con total convencimiento ideológico de que la solución a problemas complejos es más control, más dinero en tecnología de vigilancia, menos paciencia con procesos legales.

Para las familias que intentan cruzar la frontera, para los trabajadores migrantes que ya están aquí, para las ciudades fronterizas que absorben las consecuencias de políticas nacionales — este cambio significa que la turbulencia que ya vivían está garantizada que continúe. Y probablemente se agudice.

Eso es lo que significa este cambio de personal, más allá de los titulares sobre la salida de Noem.


Por Luis Ramos