Mientras EE.UU. busca aliados en Irán, los kurdos dicen: no somos mercenarios

Líder kurdo rechaza participación en ofensiva terrestre; militar retirado advierte sobre guerra prolongada; caos en aeropuertos por cierre del gobierno

Mientras EE.UU. busca aliados en Irán, los kurdos dicen: no somos mercenarios

En medio de una escalada de tensiones en Oriente Medio, un líder senior de la Región del Kurdistán irak envió un mensaje claro a Washington: no vamos a ser las "armas de alquiler" de una guerra que no es la nuestra.

La declaración, hecha a NPR, llega en un momento en que circulan rumores sobre solicitudes estadounidenses para que fuerzas kurdas participen como tropas de combate en una potencial ofensiva terrestre contra Irán. No es un detalle menor. Los kurdos tienen una larga historia de ser utilizados por potencias exteriores para servir intereses que no siempre coinciden con los suyos. Entienden el territorio de la instrumentalización política.

"No somos mercenarios en el conflicto de Irán", afirmó el líder regional. La frase es contundente precisamente porque es necesaria. Cuando Washington llama, hay presión —económica, política, militar. El rechazo kurdo sugiere que esta vez, al menos desde la dirigencia oficial, hay límites.

Esto es importante entender en contexto. Los kurdos han sido aliados clave de Estados Unidos en la región durante años, especialmente en la lucha contra el Estado Islámico. Esa relación les ha traído beneficios —apoyo militar, cierto reconocimiento internacional— pero también los ha puesto en una posición frágil. Depender de un patrón grande siempre tiene un precio.

La negativa kurda ocurre mientras crece la especulación sobre una ofensiva terrestre estadounidense contra Irán. No es casualidad que los rumores incluyan a los kurdos: tienen capacidad militar, conocen el terreno, y históricamente han sido receptivos a colaboraciones con Washington. Pero esta vez la respuesta es no.

¿Qué cambió? La geopolítica es una cosa. Pero también está la realidad interna kurda: una región que enfrenta presiones económicas, divisiones políticas, y la necesidad de mantener relaciones complejas con Irán, Turquía, Irak y Siria. Meter tropas kurdas en una ofensiva estadounidense contra Irán tendría consecuencias impredecibles en esos equilibrios frágiles.

El aviso desde adentro del establishment militar estadounidense

Mientras la administración tantea opciones militares, voces dentro del propio establishment de defensa estadounidense están pidiendo pausa. El Vicealmirante Robert Harward (retirado) de la Marina de Estados Unidos advirtió a NPR sobre un riesgo que buena parte de la clase política en Washington parece estar ignorando: que el conflicto con Irán se convierta en una guerra prolongada.

No es un pacifista. Harward es un oficial de carrera con experiencia en operaciones especiales y comandos. Su advertencia viene desde un lugar de expertise militar, no de ideología. Y su mensaje es sobrio: una escalada con Irán no sería un quirúrgico golpe de una semana. Sería algo más largo, más costoso, más impredecible.

La historia respalda su preocupación. Las guerras que Washington planea como ataques limitados —Vietnam, Irak, Afganistán— tienden a tomar otros caminos. Irán es un país de 90 millones de habitantes, militarmente sofisticado, con profunda integración territorial con sus vecinos. No es una amenaza que se resuelva con tecnología superior sin costo.

La advertencia de Harward importa porque sugiere grietas en la unanimidad de la clase de política exterior estadounidense. No todos en el establishment de defensa piensan que una guerra con Irán sea manejable o deseable.

El caos de la austeridad: cuando el imperio no puede ni pagar a sus propios trabajadores

Mientras se prepara potencialmente para otra guerra, el gobierno estadounidense está en cierre parcial. El resultado: miles de pasajeros enfrentando colas de horas en los aeropuertos de Houston y Nueva Orleans el 8 de marzo.

Es un síntoma revelador. Durante la temporada alta de viajes de primavera, con miles de personas moviéndose, el personal de seguridad de la TSA está limitado porque el gobierno no está pagando a sus empleados. La máquina de guerra sigue funcionando. La máquina de estado para la gente —incluso algo tan básico como procesar pasajeros en los aeropuertos— se colapsa.

No es simplemente incompetencia administrativa. Es una elección política. Un gobierno que no financia ni el funcionamiento de sus propias instituciones civiles pero que tiene capacidad para planear operaciones militares está revelando donde están sus prioridades.

La foto se completa así: Washington está contemplando una guerra en Irán mientras sus propios trabajadores federales no cobran, mientras los jordanos no aceptan ser tropas de alquiler, mientras oficiales militares retirados advierten sobre costos impredecibles.

Eso es imperio en contracción. Todavía tiene poder militar. Pero cada vez tiene menos capacidad de convencimiento, menos aliados voluntarios, menos coherencia entre lo que dice que es y lo que hace.

Los kurdos lo saben. Por eso dijeron que no.


Por Alejandra Flores