Grupos de enfoque revelan que la población no quiere más conflictos militares. ¿Escuchará la administración Trump?
En una sala de conferencias en las afueras de Detroit, diez personas que todavía no deciden a quién votar en las próximas elecciones se miran entre sí con una certeza poco común: no quieren guerra con Irán.
Esos grupos de enfoque —el tipo de investigación que los políticos usan para entender qué piensan realmente los votantes cuando nadie está grabando— muestran algo que los medios corporativos casi no cubren: hay un rechazo profundo, casi unánime, a los planes de conflicto militar de la administración Trump en Oriente Medio. No es un rechazo de la izquierda progresista o de los activistas de paz. Es rechazo de la gente común. De gente como María, que trabaja en un almacén. De gente como David, que está criando dos hijos con su pareja.
Michigan no es un estado cualquiera. Es un estado que Trump necesita ganar. Es un estado donde los trabajadores sindicalizados todavía tienen voz. Es un estado donde la gente recuerda las guerras en Irak y Afganistán y sabe exactamente qué significa "escalada militar": hijos que no vuelven. Dinero que se va a contratistas privados en lugar de ir a hospitales y escuelas.
"Pasamos 20 años en Afganistán. ¿Qué ganamos?", pregunta una mujer en los grupos de enfoque. Otra agrega: "¿Por qué no intentamos hablar primero?"
Lo interesante no es solo que se oponen. Es cómo se oponen. No hablan en consignas. Hablan desde la realidad económica: si hay guerra, los combustibles suben. Los precios suben. Los trabajadores pagan.
Algunos críticos van más allá. Preguntan si toda la retórica sobre diplomacia fue solo un telón de fondo para la acumulación militar. Si los tweets sobre negociaciones fueron solo para tranquilizar a la gente mientras se enviaban armas y tropas. Un hombre en los grupos dice: "No me creo que quieran paz si al mismo tiempo están gastando miles de millones en armas".
Es una pregunta que la administración Trump preferiría que no se hiciera.
Pero hay más en esta historia. Mientras el rechazo a la guerra crece entre votantes que Trump necesita, los demócratas están ganando terreno donde menos lo esperaban: en elecciones legislativas estatales.
En los últimos 14 meses, desde que Trump asumió, los demócratas han ganado 28 escaños legislativos estatales. 28. No parece mucho hasta que entiendes lo que significa: significa que la gente está votando. Significa que la participación electoral en elecciones estatales está yendo hacia los demócratas. Significa que los republicanos están preocupados.
No es un fenómeno de un estado. Es una tendencia. Una ola. Y ocurre justo cuando se acercan las elecciones intermedias.
Los republicanos lo saben. Por eso están preocupados. No porque les importe la democracia. Sino porque ven que la gente está pasando del diván a las urnas. Y cuando la gente vota, tiende a castigar al partido en el poder cuando sus vidas no mejoran.
La pregunta es si la administración va a escuchar. Los grupos de enfoque en Michigan no son anónimos abstractos. Son votantes reales, indecisos, que podrían cambiar el resultado de las elecciones presidenciales. Y están diciendo: no más guerras.
Eso debería importarle a cualquiera que quiera gobernar este país.
Mientras tanto, en otras partes del mundo, otros gobiernos hacen sus propios movimientos. Cuba acaba de anunciar la liberación de 51 prisioneros, un gesto inesperado horas antes de que el presidente Miguel Díaz-Canel se dirigiera a la nación para hablar de cuestiones nacionales e internacionales. No sabemos todavía qué va a decir. Pero el gesto de liberar prisioneros antes de una alocución importante sugiere que alguien está intentando cambiar la narrativa. Está intentando que la gente hable de algo diferente a lo que hablaba el día anterior.
Es lo que hacen los gobiernos cuando algo importante está por venir.
En Michigan, en las legislaturas estatales, en el Caribe, algo se mueve. La gente tiene más voz de la que los políticos creen. O tal vez los políticos lo saben. Y por eso tienen miedo.
Por Diana Torres