Mientras Trump propone enviar la Guardia Nacional a votar, estadounidenses rechazan la guerra con Irán y embajadas enfrentan ataques en Canadá y Noruega

Son las 6 de la mañana en Queens. María deja a sus dos hijos en la escuela antes de ir al trabajo. Mientras espera el autobús, piensa en tres cosas que le quitaron el sueño esta semana: qué va a pasar cuando vote en noviembre si hay soldados en las urnas, si su hermano en Teherán está seguro, y si esto es realmente el país en el que quiso criar a sus hijos.

No está sola en esa ansiedad. A tres días de que disparos impactaran el consulado estadounidense en Toronto y una explosión dañara la embajada en Oslo, Estados Unidos se debate en una encrucijada que expone cuán frágil se ha vuelto el consenso democrático básico del país.

La mitad de América acepta soldados en las urnas

Una encuesta publicada el 11 de marzo revela que casi el 49% de estadounidenses apoya que la Guardia Nacional monitoree las elecciones de noviembre de 2026. Pero eso no es noticia de victoria. Es noticia de que casi la mitad del país está dispuesta a permitir que militares voten cuando votan.

"Monitorear" es la palabra que eligieron. No "proteger". No "vigilar". Monitorear. Como si los soldados fueran árbitros neutrales en un partido de fútbol, no personas con uniforme, con órdenes, con una cadena de mando que responde al presidente.

El sondeo refleja lo que Trump ha estado proponiendo: la nacionalización de las elecciones. Convertir algo que durante siglos ha sido administrado por gobiernos locales, por gente del barrio, en un proceso bajo control federal. Bajo su control.

Lo inquietante no es que el 49% apoye la medida. Lo inquietante es que haya llegado a ese número. Que casi la mitad de una democracia esté abierta a la idea de que militares custodien el voto.

En las comunidades inmigrantes de Nueva York, donde Semilla News ha estado reporteando, la encuesta genera pánico diferente. "¿Soldados en las urnas?", preguntó Don Carlos, portero jubilado en Jackson Heights. "Eso es lo que pasaba en El Salvador cuando yo era joven. No quería ver eso aquí. Pero aquí estamos."

Los estadounidenses dicen 'no' a la guerra con Irán, pero Trump no escucha

Mientras el país se divide sobre democracia electoral, enfrenta otra crisis: una guerra que la mayoría no quiere.

Otra encuesta, también de esta semana, muestra que los estadounidenses son escépticos sobre la guerra con Irán que Trump ya desató. Mayoría significa mayoría. Pero los titulares de periódicos grandes hablan de "debate" y "ambigüedad". En la práctica, significa que la gente común está diciendo: no queremos esto. Y el gobierno sigue adelante de todas formas.

Esto no es nuevo. Vietnam. Iraq. Afganistán. Los estadounidenses aprenden a desconfiar cuando el gobierno dice que la guerra es necesaria. Pero Trump ya enfrentaba desafíos políticos domésticos profundos antes de este conflicto. Ahora, con la Guardia Nacional movilizada para vigilar votos y soldados en Oriente Medio, los desafíos se multiplican.

En las fronteras donde reportean nuestros colegas, las tensiones son diferentes pero conectadas. Mientras la atención está en Irán, más gente es deportada. Mientras debaten quién monitorea las urnas, las familias inmigrantes temen quedarse sin protecciones electorales.

Disparos en Toronto. Explosión en Oslo. Y el silencio que viene después

El 10 de marzo, disparos golpearon el consulado estadounidense en Toronto. Antes, una explosión dañó la embajada en Oslo. Dos países aliados. Dos instalaciones diplomáticas. Dos incidentes separados por océanos pero conectados por una realidad: alguien, en algún lugar, está atacando a Estados Unidos desde afuera mientras se desmorona desde adentro.

La policía canadiense investiga. La policía noruega investiga. Pero la pregunta más grande no tiene respuesta todavía: ¿qué ha pasado con Estados Unidos para que llegara a este punto? ¿Un país donde casi la mitad acepta militarización electoral? ¿Donde la gente rechaza la guerra pero la guerra continúa? ¿Donde embajadas son atacadas en aliados cercanos?

Este es el momento de las preguntas sin respuesta. De las familias que esperan en las paradas de autobús. De los consulados custodiados. De la Guardia Nacional esperando en cuarteles. De los votos que vendrán en noviembre y de quién estará mirando cuando se emitan.

María sigue esperando el autobús. Su hermano en Teherán no ha respondido mensajes en tres días. Sus hijos irán a votar cuando sean grandes. Se pregunta si lo harán sin soldados observando.

Eso que está sintiendo, eso que no puede dormir, eso es lo que los sondeos no capturan. Es lo que viene después de los números.


Por Diana Torres