Una encuesta revela profunda desconfianza en instituciones electorales mientras Trump propone que la Guardia Nacional supervise los comicios de 2026

Casi la mitad de estadounidenses respalda militarizar las elecciones

Una encuesta publicada el 11 de marzo de 2026 revela que el 49% de los estadounidenses apoyan que la Guardia Nacional monitoree las elecciones presidenciales de noviembre próximo. Es un dato que debería alarmar, no por lo que dice, sino por lo que revela sobre el estado de confianza en las instituciones democráticas del país.

Pero antes de hablar de números, pensemos en lo que eso significa en términos reales: significa que casi uno de cada dos estadounidenses está abierto a la idea de que militares uniformados estén presentes en los colegios electorales. Significa que existe suficiente desconfianza en cómo funciona el sistema electoral para que la propuesta de militarizarlo no suene completamente descabellada. Eso no es un dato sobre Guardia Nacional. Es un dato sobre fracaso institucional.

La desconfianza como oportunidad política

Trump ha presentado esta propuesta como una medida de seguridad, como si los procesos electorales estuvieran bajo amenaza criminal. Pero preguntémonos: ¿de dónde viene esa narrativa? No de datos de fraude masivo. En Estados Unidos, el fraude electoral es estadísticamente raro. Viene de años de polarización, de dudas sembradas en redes sociales, de un relato que dice que "el sistema está arreglado" sin especificar quién lo arrégla ni cómo.

Y aquí está lo peligroso: cuando casi la mitad del país está convencida de que no puede confiar en sus propias instituciones electorales, esa desconfianza se convierte en justificación para cualquier intervención. La gente que se siente traicionada busca soluciones, aunque esas soluciones amenacen los mismos derechos que supuestamente protegen.

Esta es la dinámica que ha permitido, históricamente, que democracias se transformen en autoritarismos: no con un golpe de estado, sino con la colaboración entusiasta de ciudadanos que creen estar protegiéndose a sí mismos.

El otro 51%

La mitad que se opone — el 51% — existe en silencio. No es una mayoría que inspire confianza. Es un empate técnico roto apenas por un punto porcentual. En cuestiones de integridad electoral, el consenso debería ser abrumador. Una democracia funciona cuando la gente acuerda en las reglas del juego, aunque no acuerde en quién gana.

Que casi mitad y mitad estén divididas en esto sugiere que Trump ha logrado lo que buscaba: hacer que la militarización de procesos electorales sea una opción "razonable" en el debate público. Hace seis meses, una propuesta así hubiera parecido impensable. Ahora es encuestable. Ahora es "la mitad del país".

Las preguntas que no se hacen

Qué no dice la encuesta es tan importante como lo que dice. No sabemos si el 49% entiende qué significa exactamente tener Guardia Nacional en las urnas. ¿Vigilancia de conteos? ¿Presencia en los locales de votación? ¿Poder de veto sobre resultados?

Tampoco sabemos cuánta de esta apoyo viene del miedo genuino a fraude electoral y cuánto viene del miedo más general: miedo a perder poder político, a un país que cambia demográficamente, a un sistema que se percibe como desleal.

Y no sabemos qué hubiera pasado si la encuesta preguntara: "¿Apoyas que la Guardia Nacional patrulles en barrios de minorías durante elecciones?" porque la historia de militarización de procesos electorales en Estados Unidos es casi siempre una historia de represión de votos minoritarios.

Lo que está en juego

Esta encuesta es un síntoma, no la enfermedad. La enfermedad es que dos decenas de millones de estadounidenses se sienten tan desconectados de sus propias instituciones que la militarización les parece una solución mejor que la transparencia. La enfermedad es que no se ha hecho trabajo suficiente para restaurar confianza en los sistemas electorales locales, que son robustos pero no son visibles.

La pregunta real que deberían hacerse los políticos progresistas, los demócratas, los que defienden instituciones electorales como existen, es: ¿por qué la confianza es tan frágil? ¿Qué han hecho o dejado de hacer que permite que una propuesta así sea apoyo por casi la mitad del país?

La respuesta probablemente tenga que ver con desigualdad, con la sensación de que el sistema no responde a las necesidades reales de la gente, con años de promesas electorales no cumplidas. Cuando la gente siente que no tiene nada que perder en el sistema, está lista para quebrarlo.


Por Luis Ramos