Con el DHS sin fondos y Rubio acumulando poder, la escalada en Oriente Medio cobra sus primeras vidas estadounidenses

La llamada llegó a las familias en la madrugada. Seis nombres. Seis uniformes que no volverían a casa. Seis personas que dejaban atrás historias que nadie va a contar en los noticiarios principales.

El Departamento de Defensa identificó esta semana a los seis miembros del servicio que murieron cuando su aeronave de reabastecimiento se estrelló en Irak occidental. Los detalles son escasos. Las causas, aún no confirmadas. Lo que sí sabemos es que ocurrió mientras el conflicto en Oriente Medio entraba en su tercera semana, mientras Israel anunciaba nuevos ataques contra Irán occidental, mientras todo se desmorona más rápido de lo que cualquiera puede procesar.

Pero aquí está lo que nadie te dice cuando hablan de "operaciones militares" y "seguridad nacional": alguien tiene que contar lo que pasa después de las palabras de los comunicados oficiales.

En Queens, alguien está recibiendo la visita de dos oficiales uniformados en la puerta. En Carolina del Sur, alguien está explicándole a sus hijos dónde fue papá y por qué no va a volver. En una base militar en Alemania, seis familiares de esos soldados probablemente estaban durmiendo cuando sus teléfonos sonaron. Es 3 a.m. Es un número militar. Ya saben qué significa.

Mientras esto ocurre, Washington está en caos. No es el caos de la guerra — es el caos de un gobierno que no sabe ni cómo pagarse a sí mismo.

El Departamento de Seguridad Nacional sigue sin financiamiento. Sin fondos. Sin presupuesto. Los legisladores están ocupados buscando explicaciones sobre el ataque del 28 de febrero contra una escuela para niñas en Teherán. Una escuela. Para niñas. Y aún hay gente en el Congreso que necesita que alguien le explique por qué importa.

Mientras tanto, Marco Rubio está en el Departamento de Estado. Y también es Asesor de Seguridad Nacional. Sí, los dos cargos. Al mismo tiempo. Bajo la administración Trump. Nadie parece encontrar esto problemático, o al menos, nadie lo dice en público donde podamos escucharlo.

Rubio es un halcón conocido en política exterior. Ha sido crítico con Irán durante años. Ahora tiene las dos llaves que controlan las decisiones de guerra y paz de este país. Eso no es un detalle administrativo. Es la estructura de la decisión que decidió que esos seis soldados tenían que estar en esa aeronave, en esa hora, en ese lugar.

Pero eso no es lo que va a leer mañana en los periódicos principales. Lo que va a leer es "Seis mueren en accidente militar" o algo igualmente genérico. Los nombre de los soldados tal vez aparezcan en un párrafo pequeño al final del artículo. Sus edades. Sus bases de origen. Quizás una foto de uniforme tomada hace años cuando todavía podían imaginar que tenían futuro.

No va a leer sobre la madre de uno de ellos que trabaja en un hospital en Baltimore sin seguro de salud. No va a leer sobre el esposo de otra que acaba de enterarse de que está embarazada. No va a leer sobre el hermano menor que idolatraba al soldado y que ahora tiene que entender que el país que lo entrenó y uniformó lo envió a morir en una misión cuyo objetivo real nadie puede explicar claramente.

No va a leer eso porque ese periodismo requiere hacer preguntas incómodas. Requiere sentarse con familias en duelo. Requiere conectar los puntos entre los presupuestos sin fondos, los asesores que concentran demasiado poder, y los cuerpos que vuelven en cajas.

Lo que sí va a leer es que "las operaciones continúan" y que "el conflicto entró en su tercera semana." Como si el tiempo fuera el problema. Como si el problema fuera cuántas semanas van, y no cuántas vidas se pierden.

Seis personas murieron esta semana en Irak. Seis familias recibieron la peor llamada de sus vidas. Y mientras tanto, el gobierno que las envió sigue sin poder decidir cómo financiarse, mientras uno de sus hombres más poderosos acumula cargos sin que nadie se lo impida.

Estas historias no están conectadas hasta que decidimos conectarlas. Hasta que nos atrevemos a preguntar no solo "qué pasó" sino "por qué pasó" y "quién decidió que tenía que pasar."

Los seis soldados ya no pueden responder esas preguntas. Pero sus familias sí. Y Washington tendría que escucharlas.


Por Diana Torres