El presidente estadounidense pide a Reino Unido, China, Francia, Japón y Corea del Sur enviar buques de guerra al estratégico estrecho petrolero mientras escala tensión con Irán.

Donald Trump ha hecho algo que podría parecer un acto diplomático rutinario pero que en realidad revela un patrón de larga data: externalizar los costos geopolíticos mientras Estados Unidos mantiene el control. Ha solicitado formalmente a Reino Unido, China, Francia, Japón y Corea del Sur que envíen buques de guerra al Estrecho de Ormuz, la ruta por donde pasa el 21% del petróleo mundial.

La solicitud llega mientras la tensión con Irán continúa escalando. Pero aquí está lo que los comunicados de prensa no dicen: Trump está pidiendo que otras naciones asuman los riesgos militares y financieros de mantener abierta una ruta cuyo principal beneficiario es Estados Unidos.

El cálculo detrás de la cortina

El Estrecho de Ormuz no es solo geografía. Es economía política. La navegación libre por ese paso de 55 kilómetros de ancho es fundamental para el comercio global de energéticos, pero especialmente para la economía estadounidense y sus aliados. Mantener esa ruta abierta requiere presencia militar constante, patrullajes, sistemas de inteligencia, listos para entrar en conflicto si es necesario.

Durante décadas, ha sido principalmente la Armada de Estados Unidos la que ha asumido esa responsabilidad. Y con ello, el costo: millones de dólares en operaciones navales anuales, riesgo para personal militar, potencial escalonamiento de conflictos.

Lo que Trump propone es una distribución "multinacional" de esa carga. Suena bien en teoría. En práctica, es pedir que otras potencias paguen para proteger el suministro de petróleo que beneficia principalmente a economías desarrolladas.

Quién asume el riesgo, quién se beneficia

Llevemos esto a lo concreto. Un marinero británico en el Estrecho de Ormuz enfrenta el mismo riesgo que uno estadounidense. El Reino Unido incurre en gastos operativos similares. Pero ¿quién se beneficia más del petróleo que fluye por esa ruta?

Las corporaciones petroleras multinacionales, principalmente estadounidenses y europeas. Los consumidores de gasolina en países del G7. Las economías que dependen del petróleo barato importado. No es una conspiración: es cómo funciona el comercio internacional cuando hay asimetría de poder.

Para Corea del Sur, Francia o Japón, enviar buques al Estrecho de Ormuz es un costo directo sin beneficio estratégico equivalente. Es un gasto defensivo que no protege su territorio, que se justifica solo por la presión geopolítica de no querer confrontar a Washington.

China y el dilema del equilibrio

Que China esté en esa lista es particularmente revelador. China importa el 80% de su petróleo, y gran parte viene del Golfo Pérsico a través de Ormuz. Tiene todo el incentivo del mundo para que esa ruta permanezca segura. Pero ser llamado por Trump a participar en una operación conjunta que bordea el conflicto con Irán coloca a Beijing en una posición incómoda.

China ha mantenido relaciones comerciales y diplomáticas con Irán. Una presencia militar china junto a fuerzas estadounidenses en Ormuz podría deteriorar esas relaciones. Es una trampa geopolítica clásica: Trump pide cooperación de una forma que obliga a otros actores a elegir bandos.

El costo invisible que nadie menciona

Hay un costo que trasciende el presupuesto militar: el de la escalada. Cuando múltiples actores militares convergen en un espacio tan pequeño y tan tensionado, los riesgos de incidente accidental aumentan exponencialmente. Un malentendido, un error de comunicaciones, una maniobra interpretada como amenaza.

Durante años, los expertos han advertido que la densidad militar en Ormuz es un polvorín. Añadir más buques no reduce ese riesgo; lo amplifica.

Qué debería preguntarse el lector

Cuando un presidente de Estados Unidos pide a otras naciones enviar buques de guerra a una zona de conflicto potencial, dos preguntas son justas:

Primero: ¿Por qué Estados Unidos, con el gasto militar más grande del mundo (mayor que el de los siguientes 10 países combinados), no puede garantizar solo la seguridad de una ruta vital para su propia economía?

Segundo: ¿Quién se beneficia realmente de que esa ruta esté patrullada por cinco naciones en lugar de una?

La respuesta a ambas preguntas apunta en la misma dirección: hacia una lógica donde los costos se distribuyen entre muchos, pero los beneficios permanecen concentrados en el centro de poder. Es la geometría del imperio sin las instituciones que alguna vez lo legitimaron.

Trump no inventó esa lógica, pero sí ha dejado de disimularla.


Por Gabriela Cruz