Mientras la guerra con Irán erosiona su aprobación, Trump enfrenta sabotaje interno, tensiones en seguridad nacional y un plan polémico para compartir datos de votantes
En Queens, María no puede dormir. Su marido salió a trabajar esta mañana como cualquier otro día, pero ella sabe que algo cambió. En los grupos de WhatsApp entre vecinos, circulan mensajes sobre controles migratorios más agresivos. Sobre archivos compartidos entre agencias. Sobre datos electorales que se mueven entre oficinas del gobierno sin explicación clara.
Mientras ella espera noticias en su casa de ladrillo rojo, en Washington el caos crece de formas que los noticieros no explican bien. La administración Trump se desmorona desde adentro, mientras ejecuta planes que van directamente a tocar gente como María.
El plan que nadie explica
Esta semana, el Departamento de Justicia hizo algo inusual: obtuvo datos electorales de varios estados. Esos datos incluyen información sobre quién votó, dónde, cuándo. Ahora, el gobierno planea compartirlos con el Departamento de Seguridad Nacional para ejecutar una herramienta controversial de verificación de ciudadanía.
Para ponerlo en términos claros: el gobierno federal está juntando archivos de votantes con agencias de inmigración. La excusa oficial es verificar ciudadanía. La realidad es que millones de personas como María —inmigrantes que pueden o no tener papeles en regla— ahora tienen sus datos de voto circulando entre autoridades de seguridad nacional.
No es paranoia. Es lo que está pasando. Ahora.
La guerra que nadie quería y que cuesta dinero real
Hace un mes que Trump estuvo al borde de una guerra abierta con Irán. Un mes. Y ese mes ha sido suficiente para que sus números de aprobación caigan en picada.
Los analistas hablan de "señales de alerta" en las métricas económicas. Lo que eso significa en la práctica es que los precios de gasolina están subiendo. Mucho. Y cuando una familia en Nueva York ya está mirando si puede pagar la renta, lo último que necesita es que la gasolina se duplique.
Pero hay algo más profundo. Trump dijo que haría las cosas diferente en política exterior. Que traería a los soldados a casa. Que acabaría con las guerras interminables. Una guerra con Irán es exactamente lo que sus votantes no querían.
En CPAC 2026, celebrada hace poco en Texas, los conservadores estaban divididos precisamente sobre esto. Algunos querían línea dura contra Irán. Otros querían evitar la guerra a toda costa. Lo único que los unió fue Trump mismo. Él siguió siendo el elemento pegamento de la base conservadora, incluso mientras sus propias políticas los dividían.
El sabotaje desde adentro
Pero la guerra con Irán es solo una parte del desastre.
Esta semana, hackers respaldados por Irán comprometieron los correos personales del director del FBI, Kash Patel. No accedieron a secretos de estado —el FBI confirmó que la información es de naturaleza histórica— pero el mensaje fue claro: mientras Trump pelea una guerra, sus propias instituciones de seguridad están siendo penetradas.
Al mismo tiempo, agentes de la TSA llevan más de un mes sin recibir pago. Un mes sin pagar a las personas que revisan si hay bombas en los aeropuertos. El Senado propuso un plan para terminar el cierre del Departamento de Seguridad Nacional. Los republicanos de la Cámara lo rechazaron. El caos en viajes aéreos crece. Las familias que querían viajar para ver a sus seres queridos ahora enfrentan líneas de seguridad colapsadas y sin personal motivado.
El militar que decide quién asciende
Dentro del Pentágono, Pete Hegseth, el Secretario de Defensa, hizo algo altamente inusual: intervino directamente en el proceso de promoción militar.
Cuatro oficiales del Ejército que estaban en camino de convertirse en generales de una estrella tuvieron sus promociones bloqueadas. No por incompetencia. No por casos disciplinarios. El mensaje es claro: Hegseth está usando el proceso de promociones como herramienta política.
Esto no es así en el Ejército estadounidense. Las promociones a rango de general son procesos profesionales, técnicos. Un secretario de Defensa no simplemente bloquea cuatro en la misma semana.
El caos en la salida
La semana pasada, Corey Lewandowski —alguien cercano a Trump desde hace años— salió del Departamento de Seguridad Nacional. Su salida fue junto a Kristen Noem, la exsecretaria del departamento. Lewandowski acompañó a Noem a Guyana.
El gobierno nunca explicó por qué. Un asesor presidencial saltó de DHS para acompañar a la exsecretaria a un país de América del Sur. Sin explicación.
Lo que significa para María
Mientras tanto, en Queens, María sigue esperando. Su información de votante está ahora en servidores federales junto a información de seguridad nacional. Los agentes de TSA que revisan viajeros están sin pagar hace un mes. Oficiales militares profesionales ven bloqueadas sus carreras por razones políticas. Y el director del FBI acaba de descubrir que hackers iranís tienen su correo personal.
Esta no es una administración que está funcionando. Es una que está en caída libre. Y la gente como María, la gente que trabaja, que paga impuestos, que solo quiere que su familia esté segura, es la que vive en el medio.
Sin explicaciones. Sin respuestas. Solo vigilancia, caos y preocupación constante.
Por Diana Torres