La administración recorta programas sociales para financiar militarización récord en medio de reveses diplomáticos y erosión de derechos constitucionales

En la Casa Blanca, mientras dos pilotos estadounidenses luchan por sus vidas en el Golfo Pérsico, el presidente Trump acaba de pedir algo sin precedentes: mil 500 millones de dólares para defensa en 2027. Es la solicitud más grande de gasto militar en décadas. Para conseguirla, propone recortar un 10 por ciento de todos los programas no defensivos. Traducción: menos dinero para educación, salud, vivienda. Menos para la gente que trabaja.

Esta es la semana en que la administración Trump enfrenta un colapso simultáneo en múltiples frentes. Y sin embargo, la respuesta es siempre la misma: gastar más en máquinas de guerra.

Un F-15 fue derribado en territorio iraní hace poco. Un segundo avión de la Fuerza Aérea estadounidense se estrelló cerca del Estrecho de Ormuz. Uno de los pilotos fue rescatado, según reportes de medios estadounidenses. Pero mientras Washington cuenta sus aviones perdidos, Irán ataca refinerías en el Golfo. La guerra en el Medio Oriente cumple su quinta semana. Y Trump responde haciendo lo único que sabe: pedir más dinero para armas.

Nadie sabe cuánto durará este conflicto. Nadie sabe cuántos más aviones se perderán. Lo que sabemos es que cada dólar destinado a ese presupuesto de defensa es un dólar que no irá a las familias trabajadoras de este país.

Mientras tanto, en la Corte Suprema, la administración Trump está cuestionando algo todavía más fundamental: el derecho a la ciudadanía por nacimiento. Esta semana, los jueces escucharon argumentos sobre si los hijos de inmigrantes nacidos en territorio estadounidense tienen derecho automático a ser ciudadanos. Ese derecho ha sido garantía constitucional desde 1868. Ahora está en riesgo.

Pensemos en lo que significa esto. Una madre como Doña Rosa, que ha pagado impuestos durante 22 años, que trabaja limpiando casas en Manhattan, que tiene un hijo que nació aquí hace ocho años. Ese niño, en teoría, es ciudadano estadounidense. Ese derecho es lo que lo protege si ella es deportada. Pero Trump quiere cambiar eso.

Y mientras socava los derechos constitucionales, también intenta controlar cómo votamos. Estados demócratas presentaron esta semana una demanda para bloquear las nuevas restricciones a la votación por correo que la Casa Blanca está imponiendo. El argumento es simple: la administración federal no puede dictar a los estados cómo conducen sus propias elecciones. Pero Trump lo está haciendo de todas formas.

Esta es una semana de reveses también para la administración. El Fiscal General Pam Bondi fue destituido. Con ella se va la continuidad de investigaciones importantes, incluida la del caso Epstein. Decisiones judiciales en contra. Problemas económicos. Contratiempos en política exterior. El régimen Trump tambalea.

Y ¿cuál es su respuesta? Gastar más. Construir más. Controlar más.

En el presupuesto de defensa hay un detalle que revela la lógica de todo esto: 152 millones de dólares para reapertura de Alcatraz. Sí, Alcatraz. La infame prisión que fue cerrada en 1963. Trump quiere reabrirla. La ex Presidenta Nancy Pelosi lo dijo claro: "Es una noción estúpida que sería nada más que un desperdicio de dinero de los contribuyentes."

Pero ese es el punto. Cuando tienes 1.5 billones de dólares para gastar, puedes permitirte cosas estúpidas. Puedes derrochar en prisiones históricas mientras le dices a una madre en Queens que no hay dinero para el seguro de salud de su hijo. Puedes financiar una guerra sin fin en el Medio Oriente mientras cortas fondos para programas que mantienen a gente viva.

La lógica es de clase. Siempre lo ha sido. El dinero va a donde va el poder. A las corporaciones de defensa. A los constructores de prisiones. A los que hacen dinero con la guerra.

No va a la gente que trabaja. No va a las familias inmigrantes que pagan impuestos. No va a los estudiantes que necesitan educación. No va a los enfermos que necesitan medicina.

Una guerra escala en el Golfo. Dos aviones caen. Y en Washington, la respuesta es presupuestos militares récord, recortes a programas sociales, erosión de derechos constitucionales.

Mientras tanto, en Queens, en el Bronx, en Los Ángeles, en cada ciudad donde la gente trabaja, esperan noticias. Esperan a ver qué sigue. Esperan a ver si esta vez las cosas serán diferentes.

No hay razón para creer que lo serán.


Por Diana Torres