El presupuesto 2027 revela las prioridades reales: armas, prisiones y control migratorio. Los trabajadores pagan el costo.

María Elena vive en Queens con su hija de seis años. Trabaja limpiando casas en Brooklyn, gana 28,000 dólares al año, y cada dólar cuenta. Esta semana, cuando supo que la administración Trump solicita recortes del 10 por ciento en gasto no militar, sintió un nudo en el estómago. No sabe exactamente qué significa, pero sabe lo que significa para ella: menos dinero para nutrición infantil, menos para educación pública, menos para los servicios que mantienen a flote a gente como ella.

Eso es lo que no ves en los titulares de los periódicos grandes. El presupuesto que Trump presentó para 2027 es un documento de 1.5 billones de dólares en gasto militar —la solicitud más grande de defensa en décadas— pero lo importante no es el número. Es lo que ese número dice sobre quién importa en este país y quién no.

1.5 billones de dólares para defensa.

152 millones de dólares para reabrir la prisión de Alcatraz, esa jaula de hormigón que costó un dineral mantener abierta y que cerraron porque era un símbolo del fracaso del sistema penitenciario estadounidense. Nancy Pelosi, que no es precisamente una rabiadesquiciada de izquierda, lo llamó lo que es: "una noción estúpida que desperdiciará fondos públicos".

Y mientras tanto, recortes del 10 por ciento en todo lo demás. Todo lo que mantiene a la gente viva.

Es importante entender cómo funciona esto. Trump no está recortando defensa. Está recortando lo que los gobiernos llaman "gasto discrecional no militar". Educación. Salud. Transporte. Programas de nutrición. Lo que hace que una madre como María Elena pueda meter algo en la mochila de su hija además de un sándwich hecho con lo que sobró anoche.

La administración está también gastando dinero en otra cosa muy clara sobre sus prioridades: control migratorio. No solo porque están arrestando a parientes de Qasem Soleimani —una operación que huele más a venganza política que a seguridad nacional— sino porque están intentando construir nuevos centros de detención en pueblos agrícolas. Y aquí está lo interesante: los mismos residentes rurales que apoyan la agenda de inmigración de Trump dijeron no cuando le propusieron traer un centro de detención a su ciudad. "Sí, saquemos inmigrantes del país," dicen. "Pero no aquí cerca."

Esa es la geometría del poder en Estados Unidos: todos quieren que alguien más pague el costo.

Mientras tanto, la Corte Suprema escucha argumentos sobre si los bebés nacidos en territorio estadounidense deberían tener derecho a ciudadanía. Es lo que pasa cuando una administración tiene tanto poder y tan poco interés en la realidad: puede gastar energía y recursos públicos en discusiones que hace 100 años ya estaban resueltas. La Decimocuarta Enmienda es clara. Pero en 2027, eso no es suficiente.

Un juez ya frenó un intento de Trump de exigir a universidades que comprueben que no consideran raza en admisiones. Lo hizo diciendo lo obvio: fue apresurado y caótico. Porque cuando tu único objetivo es gobernar por decreto, sin legislación, sin proceso real, así es como queda todo.

Mientras la administración construye este aparato de control, hay gente como María Elena preguntándose si podrá mantener a su hija en una escuela pública decente. Si habrá dinero para que el maestro tenga lo que necesita. Si el autobús escolar seguirá existiendo. Los números no mienten: 1.5 billones para armas. Recortes para todo lo demás.

La administración también está pavoneándose por el rescate de un aviador derribado en Irán. Es un momento genuino de capacidad militar, de algo que funciona. Pero es también una señal de hacia dónde apunta toda esa máquina de defensa: más conflictos, más tensión, más dinero para lo que destruye.

No es que sea exagerado decir que el presupuesto de Trump es una declaración de guerra contra los pobres. Es literalmente eso. Es elegir, explícitamente, gastar más dinero en cárceles, en militar, en control migratorio, y menos en educación, salud, nutrición. Es elegir a quién salvar y a quién dejar.

Y cuando digo "elegir", hablo de una decisión consciente. No es un accidente que Alcatraz sea más importante que las escuelas. No es un accidente que el gasto militar tenga prioridad sobre programas que mantienen a niños como la hija de María Elena alimentados y educados.

Eso es el presupuesto real. No el que salen a defender en la televisión. El que vive en los barrios, en las escuelas que se caen a pedazos, en las clínicas que cierran porque no hay dinero, en los pueblos donde el trabajo desaparece y la única oportunidad que queda es que te arresten en un centro de detención estatal.

1.5 billones de dólares para defensa. Recortes para el resto. Eso es la prioridad.


Por Diana Torres