El presidente anuncia ataques que podrían durar semanas, pero las encuestas muestran rechazo mayoritario. Mientras tanto, el Congreso debate recuperar su poder constitucional.
La orden llegó a media mañana. Estados Unidos e Israel iniciaron ataques contra Irán. El presidente Trump, en conferencia de prensa, fue directo: la guerra podría durar semanas. O más.
Pero hay un problema que Trump no mencionó en ese anuncio.
Los estadounidenses no quieren esta guerra.
Encuesta tras encuesta lo dice. Sondeos de múltiples institutos muestran lo mismo: la mayoría de los votantes estadounidenses se opone a los ataques. No es un margen ajustado. No es un empate. Es rechazo claro. El tipo de rechazo que debería hacer que un presidente se detenga. O al menos que explique por qué continúa.
Trump no lo hizo.
Instead, mientras hablaba de semanas de guerra, su administración cerraba embajadas en Medio Oriente. Evacuaba diplomáticos. Los movía a lugares seguros. Lo que hace un gobierno cuando sabe que todo puede escalar rápido.
El Congreso quiere volver a la mesa
En Capitol Hill, legisladores están moviendo piezas.
Demócratas y republicanos —a veces raros aliados— están impulsando votos sobre proyectos de ley que buscan reclamar algo que la Constitución les otorgó hace más de 230 años: el poder de declarar guerra.
No es nuevo. Legisladores han intentado esto antes. Fracasaron. Las iniciativas murieron en comités. Se perdieron en votaciones. El poder ejecutivo siguió avanzando solo.
Pero esta vez hay algo diferente. Hay un renovado empuje. Voces que dicen: no podemos permitir que un presidente arrastre a este país a una guerra prolongada sin que nosotros votemos. Sin que la gente tenga voz.
Lo que nadie dice en esos comunicados de prensa es esto: si el Congreso hubiera ejercido ese poder antes, quizá no estaríamos aquí.
Mientras tanto, en Texas y Carolina del Norte
A más de 5,000 millas de Irán, en Texas y Carolina del Norte, los votantes están eligiendo qué dirección quieren que tome su país.
El 3 de marzo, las primarias llegan. Son la prueba crucial antes de las elecciones de mitad de término que determinarán quién controla el Congreso.
En Texas, Ken Paxton enfrenta al senador John Cornyn. Es una contienda que define qué quieren los votantes de base republicanos. ¿Hacia dónde gira el partido? ¿Más a la derecha? ¿Hacia Trump? ¿O hacia otro lado?
Para los demócratas, hay contienda propia. Jasmine Crockett y James Talarico compiten por la nominación del Senado. Buscan quién será su cara ante Cornyn o Paxton en noviembre.
Estas primarias importan. Porque los candidatos que ganen aquí serán los que lideren el debate nacional en los meses próximos. Y ese debate ocurre mientras el país está en guerra.
El voto y quién puede emitirlo
Trump tiene otra prioridad que ocupa su atención.
El presidente está promoviendo restricciones más estrictas a la votación por correo. Respalda la Ley SAVE, que requeriría prueba de ciudadanía para votar. Ha hablado del tema en múltiples ocasiones. No es marginal en su agenda. Es central.
El profesor de UCLA Richard Hasen, especialista en derecho electoral, ha señalado lo que esto significa. Las implicaciones son significativas. Para acceso al voto. Para quién puede participar. Para quién queda afuera.
Mientras el país está en guerra con Irán, mientras el Congreso debate si tiene poder para declarar esa guerra, Trump está redibujando quién puede votar sobre qué viene después.
Cuando la ley se convierte en arma
En otro frente, el Departamento de Justicia hizo un giro.
Había decidido abandonar una apelación contra cuatro grandes despachos de abogados que desafiaron órdenes ejecutivas del presidente. Iba a retirarse. Dejar ir el caso.
Luego cambió de opinión.
Ahora el Departamento de Justicia apelará. Perseguirá a esos despachos. Los que tuvieron la audacia de decir que las órdenes ejecutivas violaban la ley.
Es un recordatorio: en tiempos de crisis —y una guerra cuenta como crisis—, las instituciones que supuestamente regulan el poder ejecutivo a menudo se alinean con él.
Mexicanos atrapados en la zona de conflicto
Mientras todo esto ocurre, hay ciudadanos mexicanos atrapados en Medio Oriente.
La Secretaría de Relaciones Exteriores está coordinando su salida. Rutas terrestres seguras desde Israel y Jordania. Cancillería trabajando para sacar a sus connacionales de la zona de combate.
Es un dato pequeño en los titulares grandes. Pero es real. Hay personas en peligro. Hay gobiernos trabajando para traerlas a casa.
Y hay un país donde la mayoría dijo que no quería esta guerra. Pero la guerra llegó de todas formas.
La pregunta que queda es simple. ¿Durante cuántas semanas más?
Por Camila Restrepo