Mientras las potencias nucleares se enfrentan, los precios del petróleo suben y las cadenas de suministro tiemblan. Los que pagan son siempre los mismos.

La semana pasada comenzó lo que parecía ser un enfrentamiento bilateral entre Estados Unidos e Irán. Hoy, una semana después, ese conflicto se ha convertido en algo mucho más peligroso: una crisis global que ya está reescribiendo los precios de lo que comes, lo que transportas y lo que produces.

Para entender qué significa esto en términos reales, piensa en esto: el petróleo que Irán deja de vender por los ataques es petróleo que desaparece del mercado global. Y cuando desaparece petróleo, no desaparece de manera equitativa. Primero sube el precio en las gasolineras. Luego sube en los fletes de los camiones. Luego sube en el pan, en la leche, en la ropa que llega del otro lado del mundo.

Según reportes de NPR y agencias internacionales, el alcance geográfico de este conflicto ha expandido significativamente en solo siete días. No estamos hablando solo de bombardeos en Oriente Medio. Estamos hablando de que múltiples países están siendo impactados política y militarmente, y que el conflicto ya ha trascendido a sus actores originales.

El efecto dominó que tu salario no puede seguir

México es un buen ejemplo. Aquí dependemos del petróleo para casi todo: la gasolina que mueve los autobuses de transporte público, el diésel que mueve los camiones de carga, el combustible de las plantas de electricidad. Si el precio del barril sube porque Irán sale del mercado, sube todo lo demás. Una familia que ya está apretada con sus gastos mensuales —que según INEGI gasta en promedio 40% de sus ingresos solo en alimentos— no tiene dónde absorber esos aumentos.

Para un transportista de carga que trabaja por cuenta propia, como hay cientos de miles en México, cada dólar que suba el barril es un dólar que sale de sus ganancias a menos que pueda trasladarlo al cliente. Y la mayoría no puede, porque sus clientes —pequeños comerciantes, vendedores ambulantes— también están contra la pared.

En Estados Unidos, donde la gasolina ya está cara en varios estados, una escalada energética por el conflicto en Irán golpea diferente según tu zip code. Los trabajadores que manejan varias horas al día para llegar al trabajo —porque los salarios bajos los obligan a vivir lejos— son los que cargan el peso de cada aumento. Los que trabajan desde casa en empleos de oficina casi no lo sienten.

Cuando la geopolítica se convierte en inflación de bolsillo

El conflicto EE.UU.-Irán no es teórico. No es un mapa de análisis estratégico en una revista de relaciones internacionales. Es muy concreto: es el vendedor de tacos que compra menos gas para su carrito, es el dueño de una pequeña fábrica que ve subir sus costos de energía, es la trabajadora doméstica que gasta más en gasolina para ir de casa en casa.

Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo. Cuando Irán está en guerra con EE.UU. e Israel, Irán no vende. Cuando Irán no vende, la oferta global baja. Cuando baja la oferta, suben los precios. Esto no es especulación —es economía básica, y es lo que ya está pasando en los mercados financieros.

Pero aquí está lo importante: mientras los precios suben para todos, los salarios no suben para la mayoría. Un trabajador de salario mínimo en México gana lo mismo que hace una semana, pero la gasolina cuesta más, la comida cuesta más, la electricidad cuesta más. Eso es recorte de salario real, aunque tu jefe no haya movido un dedo.

El silencio de los gobiernos mientras baja el poder de compra

En momentos como estos, es cuando los gobiernos deberían estar protegiendo a sus trabajadores: con precios regulados, con subsidios estratégicos, con medidas que impidan que una crisis geopolítica se convierta en una crisis económica doméstica. Algunos países lo hacen. México, bajo el gobierno de la 4T, ha mantenido precios de combustible relativamente contenidos mediante subsidios, aunque esa política está constantemente bajo presión de los organismos financieros internacionales que quisieran "dejar que el mercado hablara" —es decir, que los pobres paguen más.

Pero la mayoría de gobiernos no hace nada. Deja que los mercados "reaccionen". Y cuando los mercados reaccionan, quienes reaccionan los precios. Y quienes pagan son los trabajadores.

Una semana de guerra, y ya el mundo está reescribiendo. La pregunta que deberías hacer a tus representantes no es sobre estrategia militar. Es: ¿qué están haciendo para que yo no pierda poder de compra mientras otros juegan ajedrez geopolítico con mi bolsillo?


Por Luis Ramos