Una contracción inesperada golpea casi todos los sectores. Los analistas se sorprenden, pero para millones de trabajadores, la crisis ya llegó hace meses.
Febrero trajo malas noticias que los responsables de política económica en Washington preferirían ignorar. La economía estadounidense perdió 92,000 empleos el mes pasado, según reportes de la BBC. No fue un descalabro aislado en un sector específico. Los despidos atravesaron la economía casi por completo: manufactura, servicios, comercio, tecnología. Sectores que hace apenas seis meses presumían crecimiento y contratación.
Para los analistas de Wall Street, fue una sorpresa. Para quienes viven en las ciudades industriales de Pensilvania, Ohio, Michigan, para las familias que ya acumulan meses de incertidumbre laboral, esta cifra simplemente confirmó lo que ya sabían: el sistema no es tan sólido como los comunicados de la Reserva Federal pretenden.
La mentira de los números rosados
Durante meses, la narrativa oficial ha sido que la economía estadounidense se recuperaba. El desempleo se mantenía "históricamente bajo", decían. Las corporaciones reportaban ganancias récord. Los ejecutivos ganaban bonificaciones que superaban lo que un trabajador promedio gana en una década. Pero ese crecimiento nunca llegó a los salarios. Los precios de la renta se dispararon. La comida se volvió más cara. La gasolina fluctúa como si el mercado fuera una ruleta rusa.
Y ahora, la economía pierde 92,000 empleos en un mes.
Esta no es una recesión técnica que los intelectuales de las universidades Elite discutirán en seminarios. Es el momento en que la brecha entre lo que dicen que está pasando y lo que realmente está pasando se abre demasiado para ignorarla. Es cuando una familia que depende de un sueldo descubre que ese sueldo ya no existe.
El despido atraviesa todos lados
Lo que hace particularmente grave esta contracción es precisamente su amplitud. No es que "el sector tecnológico pasó por una corrección". No es que "el comercio minorista está en transición digital". Es casi todo.
Cuando un despido es sectorial, localizado, los trabajadores tienen narrativas que contarse: culpan a la IA, a la transformación digital, a fuerzas que se sienten inevitables, naturales. Pero cuando atraviesa sectores, cuando alcanza a los servicios, a la manufactura, al comercio, cuando toca tanto a la rama que exporta como a la que produce para el mercado interno, significa algo más fundamental: la demanda está cayendo.
La gente está gastando menos. ¿Por qué? Porque sus ingresos no alcanzan. Porque las deudas por educación, por crédito al consumidor, por hipotecas, pesan más que cualquier confianza en el futuro.
La pregunta que no hacen en CNBC
En los canales de finanzas estadounidenses, ya están especulando: ¿bajará la Reserva Federal las tasas de interés? ¿Habrá más estímulos fiscales? ¿Qué significa esto para el mercado de valores?
Pero la pregunta real, la que importa para los 92,000 que dejaron de tener cheque de pago, es diferente: ¿qué hay en el horizonte?
Porque esto no termina aquí. Los despidos en febrero raramente son el final. Son el primero de una serie. Las corporaciones que despidieron hace tres semanas probablemente planean más recortes. Las que aún no despiden están analizando sus números, viendo dónde pueden reducir costos. Los trabajadores que todavía tienen empleo están aterrados, empezando a cuidar cada peso, a ser aún más cautelosos con el gasto.
Eso hace que la demanda caiga más. Lo que genera más despidos. Es el ciclo que los responsables de política económica insisten en no ver hasta que es demasiado tarde.
El contexto que falta
Esta contracción llega en un momento en que los sindicatos estadounidenses están realizando sus mayores esfuerzos organizativos en décadas. Los trabajadores de la industria automotriz han logrado ganancias significativas. Los repartidores de Amazon están intentando unionizarse en múltiples estados. Es como si el capital decidiera responder no negociando mejor, sino despidiendo.
La pregunta que debería estar en la agenda política es: ¿cuál es la estrategia a largo plazo? ¿Seguiremos permitiendo que las decisiones de inversión estén exclusivamente en manos de ejecutivos cuyo único incentivo es maximizar el valor para los accionistas en el próximo trimestre? ¿O empezaremos a discutir que la economía debería estar diseñada para mantener empleos dignos, no para extraer riqueza hacia la cúpula?
Por ahora, febrero nos deja con 92,000 familias que necesitan respuestas concretas. Y un sistema que prefiere hablar de ajustes de política monetaria.
Por Fernando Lopez