El presidente promete golpes más duros contra Teherán, pero encuestas muestran que la mayoría de estadounidenses se opone. En casa, tornados dejan seis muertos.
Sarah Morales no pudo dormir el sábado. Vive en Queens, trabaja como enfermera, y su hijo menor está reclutado en la Marina. Cuando vio el tuit del presidente Trump advirtiendo que Irán "será golpeado muy fuerte" en la segunda semana de este conflicto, lo único que pensó fue: "¿Van a llamar a mi hijo?"
No es la única. Una encuesta de NPR/PBS News y Marist publicada el 6 de marzo revela que la mayoría de estadounidenses desaprueba cómo Trump está manejando a Irán. Más importante: la mayoría ve a Irán como una amenaza menor o ninguna amenaza en absoluto.
Pero el sábado 7 de marzo, Trump no estaba pensando en encuestas. Estaba pensando en expandir.
"Podemos expandir nuestra lista de objetivos a nuevas áreas y grupos de personas," dijo el presidente. No especificó cuáles. No explicó por qué. Solo lo dijo, como quien anuncia que va a construir más casas sin preguntar si el barrio las necesita.
Esa es la brecha que existe hoy en Estados Unidos: entre lo que la Casa Blanca decide hacer y lo que la gente que va a vivir las consecuencias quiere que suceda.
El patrón nuevo en los objetivos
Lo que hace diferente esta guerra es que no es como las anteriores en Medio Oriente. En conflictos pasados, había líneas invisibles: se atacaban objetivos militares, se preservaba la infraestructura energética, había reglas no escritas. Ahora no.
Ahora los bombardeos estadounidenses e israelíes están enfocados directamente en las instalaciones de energía de Irán. Eso marca un cambio fundamental en cómo se está peleando. Y ese cambio tiene consecuencias que nadie en Washington está explicando a la gente: si se destruye la infraestructura energética de Irán, ¿qué pasa después? ¿Quién paga? ¿Quién come?
Los precios de la gasolina en Estados Unidos ya están subiendo. No está en los titulares grandes todavía, pero en los grupos de WhatsApp de trabajadores, en los carros compartidos, en los sindicatos, la gente ya lo siente. Un conflicto que el 68% de los estadounidenses desaprueba está llegando a sus billeteras.
Mientras tanto
En Michigan y Oklahoma, el sábado fue día de duelo. Tornados golpearon ambos estados arrancando árboles de raíz, derribando líneas de energía, dañando edificios. Seis personas muertas. Una de ellas, un niño de 12 años.
No hay tweets presidenciales sobre ese niño. No hay anuncios de expansión de ayuda. Solo casas sin techos. Familias buscando lo que quedó.
En Washington, mientras tanto, el Dr. Vinay Prasad, jefe de vacunas de la FDA, renunciaba por segunda vez. Sus salidas abruptas están vinculadas a decisiones sobre vacunaciones y medicamentos especializados. No hay detalles públicos, pero el patrón es claro: hay gente en las agencias que no está cómoda con lo que se le pide que haga.
Lo que no se deja ver
Canadá y Estados Unidos retomaron negociaciones comerciales esta semana después de meses de pausa. El ministro de comercio canadiense Dominic LeBlanc está en Washington. Nadie sabe exactamente qué se está discutiendo sobre el futuro del USMCA, pero en Toronto y en Vancouver ya hay preocupación. Ellos saben que cuando Trump dice "expandir objetivos," no siempre significa Irán.
Al mismo tiempo, la Aduana de Estados Unidos anunció que va a crear un proceso de 45 días para devolver dinero a importadores por aranceles sin que necesiten demandar. Suena bien. Pero la pregunta es: ¿cuántos importadores saben que pueden solicitar ese reembolso? ¿Cuántos pequeños negocios en comunidades latinas saben que tienen dinero esperando?
La pregunta que no se contesta
Lo que Trump no dice cuando promete golpear a Irán "muy fuerte" es quién paga. No es el presidente. No son los contratistas de defensa que van a ganar billones. Son Sarah Morales, esperando noticias de su hijo. Son las familias en Michigan sin techo. Son los trabajadores en Queens viendo subir el precio de la gasolina mientras el salario sigue igual.
La mayoría de estadounidenses ya lo sabe. Por eso desaprueba. Pero el que decide no está escuchando a la mayoría.
Está escuchando a alguien más.
Por Diana Torres