Mientras la infraestructura energética de Oriente Medio se desmorona, el precio del combustible amenaza la agenda de asequibilidad presidencial. Y en Washington, el caos político complica la respuesta.
Donald Trump construyó su campaña de 2024 sobre una promesa clara y tangible: reducir los precios de la gasolina. No era un slogan abstracto sobre crecimiento económico o competitividad global. Era una cifra concreta, un número que cada estadounidense ve cada vez que carga gasolina. Era la promesa de asequibilidad traducida a dólares y centavos.
Pero las promesas electorales chocan con la realidad geopolítica, y esa realidad acaba de volverse muy cara.
La escalada militar con Irán está dislocando la infraestructura energética de Oriente Medio en formas que los analistas advierten provocarán presiones inflacionarias significativas en los precios de energía. No es especulación: es física económica. El Golfo Pérsico canaliza aproximadamente el 21% del petróleo global que se comercia internacionalmente. Cuando esa región se convulsiona, los mercados mundiales tiemblan.
La guerra no tiene que cerrar completamente los oleoductos para causar daño. Basta con la incertidumbre. Los operadores de refinería reducen su exposición, el precio "forward" del barril sube, y en las gasolineras de Des Moines a Los Ángeles, los consumidores pagan más por llenar el tanque.
Para Trump, esto es un problema específico: su promesa de asequibilidad descansaba en energía barata. Su argumento a los votantes era que podía "desbloquear" la producción energética estadounidense — más perforación, menos regulación ambiental — y que eso presionaría los precios globales hacia abajo. Era una narrativa coherente, aunque fundada en suposiciones optimistas sobre geopolítica y mercados.
Ahora esas suposiciones se estrellan contra la realidad de una guerra en la región más vital para la energía global.
El costo político de la inflación energética
La inflación de energía no es como otras formas de inflación. Un aumento del 5% en precios de gasolina no aparece como un rubro en el carrito de compras — aparece cada vez que una persona maneja. Es visceral, es recurrente, es imposible ignorar.
Los presidentes que enfrentan precios altos de gasolina pierden elecciones o, en este caso, pierden capital político rápidamente. Trump lo sabe. Lo que no podía controlar es que la escalada con Irán ocurriría dentro de su primer año en el cargo, y que lo haría cuando ya ha gastado credibilidad político en otros frentes.
Pero hay otro problema: el caos en Washington
Mientras la administración intenta gestionar una crisis de precios de energía que no puede resolver completamente con política doméstica, el liderazgo político republicano se desmorona en disputas públicas sobre estrategia de guerra.
El Senador Ted Cruz acusó públicamente a Tucker Carlson de ser un "demagogo" que difunde antisemitismo, días después de que Carlson lo llamara a él y a otros que confían en inteligencia israelí "tontos". Es una disputa que ocurre exactamente cuando el Partido Republicano necesita proyectar cohesión sobre política exterior.
No es un detalle menor. Las guerras requieren legitimidad doméstica. Cuando los líderes políticos del mismo partido se están llamando "tontos" y "demagogos" en televisión nacional sobre la misma guerra, es una señal de que ese consenso está fracturando.
Y luego está DOGE
Mientras tanto, un inspector de una agencia gubernamental está investigando presunto mal uso de datos sensibles del Seguro Social después de que personal de DOGE intentó acceder a esta información. DOGE es la estructura que Trump creó para "eficiencia" gubernamental. Que ya enfrente investigaciones por acceso no autorizado a datos sensibles — en el primer mes — es un problema de gobernanza que suma caos a una administración que necesita autoridad para navegar una crisis energética.
¿Qué significa esto para los precios?
En términos concretos: los analistas advierten que presiones inflacionarias en energía son inminentes. No necesariamente porque se cierre el Golfo Pérsico, sino porque la incertidumbre ya está haciendo su trabajo. Los mercados de futuros ya están precificando "prima de riesgo" sobre petróleo de Oriente Medio.
Para el conductor promedio, eso significa que la promesa de gasolina barata se desmorona precisamente en el momento en que más importa: cuando la gente evalúa si la administración está cumpliendo lo que prometió.
Trump ganó apelando a electores que querían asequibilidad. La ironía — trágica desde su perspectiva — es que tiene menos control sobre los precios de energía global de lo que su narrativa de campaña sugería. Y esa brecha entre promesa y realidad es exactamente el terreno en el que se pierden las presidencias.
Por Alejandra Flores