La Jefa de Gabinete de Trump continuará trabajando virtualmente durante su tratamiento. El anuncio reabre debates sobre salud, trabajo y acceso a cuidados en Estados Unidos.
Susie Wiles, Jefa de Gabinete de la Casa Blanca, fue diagnosticada con cáncer de mama. El Presidente Trump hizo público el diagnóstico el lunes 16 de marzo, informando que Wiles continuará desempeñando sus funciones de forma virtual a tiempo completo durante el tratamiento.
Esta noticia, más allá de los detalles personales de la funcionaria, abre una ventana a conversaciones que Estados Unidos necesita tener: sobre el acceso a tratamientos oncológicos, sobre cómo se estructuran los trabajos en el país para permitir (o no) que las personas enfermas sigan siendo productivas, y sobre las desigualdades que existen incluso en los espacios más privilegiados del poder.
El lujo de poder elegir
Wiles tiene, sin duda, una posición de privilegio. Acceso a los mejores oncólogos del país, posibilidad de trabajar desde casa sin que eso signifique perder ingresos o estabilidad laboral, ausencia de preocupación sobre si el tratamiento le quitará el empleo. Son privilegios que la mayoría de estadounidenses diagnosticados con cáncer no poseen.
Según datos del Instituto Nacional del Cáncer, aproximadamente 2 millones de estadounidenses reciben un diagnóstico de cáncer cada año. La mayoría son trabajadores. Y la mayoría enfrenta decisiones que Wiles casi con certeza no tendrá que tomar: ¿puedo permitirme dejar de trabajar durante la quimioterapia? ¿Perderé mi seguro médico si debo tomarme licencia? ¿Puedo decirle a mi jefe que estoy enfermo sin que me despida?
En Estados Unidos, el sistema de salud está atado al empleo de una manera que es casi única entre las democracias desarrolladas. Perder el trabajo durante una enfermedad grave significa, para millones de personas, perder también la cobertura médica. Significa elegir entre medicinas y renta. Es un sistema que funciona bien para Jefas de Gabinete. Funciona mal para la mayoría.
El costo del silencio de los números
Un trabajador de manufactura en Detroit que recibe un diagnóstico de cáncer enfrenta un panorama muy distinto. Si su empleador no ofrece licencia médica pagada—y la mayoría de empleadores pequeños no lo hace—debe elegir: seguir yendo al trabajo, deteriorándose, o dejar de trabajar y perder ingresos en medio de gastos médicos que, incluso con seguro, pueden alcanzar decenas de miles de dólares en copagos y tratamientos no cubiertos.
Según la Asociación Estadounidense de Cáncer, el costo promedio del tratamiento del cáncer de mama ronda los 160 mil dólares. Incluso con seguro médico, los gastos de bolsillo pueden ser devastadores. Un estudio de 2023 encontró que casi un tercio de los pacientes con cáncer incurren en deuda médica significativa.
Mientras Wiles trabaja virtualmente desde donde recibe quimioterapia, millones de estadounidenses están eligiendo no reportar sus diagnósticos porque temen represalias laborales. La Ley de Ausencia Médica y Familiar (FMLA) ofrece protección, pero solo para empleadores con más de 50 empleados y solo 12 semanas sin pago. Para una enfermedad como el cáncer, es insuficiente.
Lo que el anuncio no dice
Que Trump haya hecho público el diagnóstico de Wiles es inusual y revela algo sobre cómo funcionan los espacios de poder: la salud de alguien en la cúpula es asunto de Estado, algo que se comunica, que se reconoce públicamente, que se acomoda institucionalmente. Para la mayoría de trabajadores, la salud es un asunto privado, casi vergonzoso, algo que ocultamos a nuestros empleadores por miedo a las consecuencias.
Tampoco sabemos—ni necesariamente deberíamos saber—los detalles del diagnóstico, el tipo de cáncer, el estadio. Eso es información médica privada. Pero el contraste es instructivo: mientras el sistema acomoda a alguien en el poder, dejando que continúe trabajando en las condiciones que su salud requiere, a millones de personas trabajadoras les dice: si estás enfermo, debes elegir entre tu salud y tu supervivencia económica.
La pregunta que importa
Este caso, lamentablemente, no cambiará nada para los millones de estadounidenses sin el colchón de privilegio de una Jefa de Gabinete. Pero es un recordatorio de que existe: que el acceso a tratamiento de calidad, que la posibilidad de estar enfermo sin perder el sustento, que la dignidad en medio de la enfermedad son lujos en Estados Unidos.
Mientras deseamos a Wiles una pronta recuperación, vale la pena preguntar: ¿cuándo Estados Unidos permitirá que todos los trabajadores diagnosticados con cáncer tengan lo que ella tiene?
Por Luis Ramos