La victoria de Stratton en Illinois y la renuncia de Kent revelan las grietas en el Partido Demócrata sobre Medio Oriente
La noche en que Juliana Stratton ganó la primaria demócrata para el Senado de Illinois, nadie mencionó algo obvio: acababa de ganar gracias a 22 millones de dólares invertidos por AIPAC, el lobby pro-Israel más poderoso de Estados Unidos.
Stratton, vicegobernadora de 60 años, estaba rezagada en los sondeos hace apenas meses. Luego llegó el dinero. Luego llegó la victoria. Así funciona la política estadounidense cuando se trata de Israel: el dinero habla más fuerte que las bases, que la democracia, que incluso los principios que el Partido Demócrata supuestamente representa.
Pero hay algo más importante sucediendo en Washington al mismo tiempo. Mientras los demócratas celebraban a Stratton como símbolo del progreso —una senadora negra más para la bancada—, Joe Kent, el director del Centro Nacional de Contraterrorismo de la administración Trump, renunciaba en protesta por la guerra con Irán.
Kent no lo ocultó. Fue directo: Trump inició esa guerra bajo presión de Israel y su lobby estadounidense. Un funcionario de seguridad nacional con décadas de experiencia mirando a la cara a la administración y diciendo: esto no es contraterrorismo, esto es hacer el trabajo sucio para un gobierno extranjero.
Esta es la contradicción que define el momento político estadounidense.
El Partido Demócrata, que se presenta como el partido de la política exterior moral, que critica a Trump por sus aventuras militares, que supuestamente representa a las comunidades de color y a los trabajadores, acaba de poner 22 millones de dólares —su dinero, el de las corporaciones que financian al partido— detrás de una candidata que ganó principalmente porque AIPAC decidió que ella era útil.
No es que Stratton sea mala candidata. Lo que importa es que su victoria ilustra perfectamente cómo funciona el poder en Estados Unidos: no con debate democrático sobre política exterior, sino con dinero destinado a asegurar que quienes ocupen puestos de poder sean receptivos a los intereses de Israel, sin importar lo que piense la base del partido.
Y mientras tanto, los demócratas enfrentan algo que no saben cómo manejar: su propia base los está abandonando en temas de Medio Oriente. AIPAC invirtió esos 22 millones precisamente porque enfrenta creciente rechazo entre los demócratas sobre su posición respecto a Gaza, sobre los colonos, sobre la guerra. El lobby necesitaba reforzar su posición. Necesitaba asegurar que los próximos senadores fueran leales.
Eso es lo que el dinero compra.
Joe Kent vio eso desde adentro de la administración Trump y dijo no. Un funcionario de seguridad nacional renunciando públicamente porque considera que la política exterior está siendo dictada por presión de un lobby extranjero. Eso no es normal en Washington. Eso es raro. Eso es peligroso para el establishment que necesita que todos mantengan la ficción de que Estados Unidos actúa por sus propios intereses.
Pero aquí está lo que los medios corporativos no van a conectar:
La renuncia de Kent y la victoria de Stratton cuentan la misma historia desde dos ángulos diferentes. En un lado, alguien en el poder dice públicamente que no participa en una guerra que considera impulsada por un lobby extranjero. En el otro lado, el mismo lobby invierte decenas de millones para asegurar que los próximos senadores no tengan el tipo de integridad que Kent demostró.
Es una batalla sobre quién controla la política exterior estadounidense. ¿Los ciudadanos estadounidenses? ¿Los trabajadores que van a pagar los impuestos para estas guerras, cuyos hijos van a morir en ellas? ¿O los lobbies corporativos y extranjeros con dinero para invertir?
Stratton ganó porque AIPAC invirtió. Kent renunció porque no podía seguir sirviendo a intereses que consideraba opuestos a la seguridad nacional estadounidense. Estas son las dos caras de la política de Washington.
En las próximas semanas, habrá análisis sobre qué significa la victoria de Stratton para la representación demócrata. Habrá piezas sobre cómo Kent simboliza las divisiones dentro del trumpismo. Nadie va a conectar los puntos y preguntar la pregunta que importa:
¿Hasta cuándo Estados Unidos va a permitir que su política exterior sea dictada por presión de gobiernos extranjeros y sus lobbies?
Porque eso es lo que pasó en Illinois. Y es lo que pasó en Washington cuando Trump comenzó una guerra que un funcionario del propio gobierno consideraba injustificada y peligrosa.
Juliana Stratton ganó. AIPAC gastó 22 millones. Joe Kent renunció. La máquina sigue funcionando. Y la gente común sigue pagando el precio.
Por Diana Torres