Operadores allegados al expresidente ganaron una fortuna con anuncios del DHS mientras Kristi Noem genera tensiones internas

La administración Trump ha estado bajo fuego nuevamente, esta vez por una operación que expone un patrón familiar en Washington: cómo el poder público se convierte en oportunidad privada para los conectados.

Operadores políticos con vínculos directos a Donald Trump recibieron millones de dólares en comisiones por una campaña publicitaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La cifra no es anecdótica — estamos hablando de dinero de los contribuyentes estadounidenses terminando en los bolsillos de consultores y operadores que ganaron acceso al poder.

Lo que hace esta historia particularmente reveladora es lo que sucedió después. Los anuncios del DHS se convirtieron en un punto de fricción dentro de la propia Casa Blanca. Kristi Noem, secretaria del DHS, quedó en el centro de la controversia, lo que sugiere que incluso dentro de una administración, hay límites de lo que algunos están dispuestos a tolerar — o al menos, de lo que están dispuestos a dejar pasar públicamente.

La máquina de ganar dinero

Esto no es corrupción en el sentido tradicional. No hay sobornos en bolsas de dinero en efectivo. Es algo más sofisticado y por eso más peligroso: es cómo el capitalismo político funciona en Estados Unidos en 2026.

Una agencia federal necesita hacer una campaña publicitaria. Eso en sí no es problemático. Pero ¿a quién se contrata? ¿A través de qué firmas? ¿Con qué márgenes de ganancia?

Cuando esos contratos fluyen hacia operadores políticos con conexiones directas al poder ejecutivo, lo que sucede es que se crea una clase de intermediarios cuyo trabajo consiste en convertir acceso político en dinero. No producen nada. No ofrecen un servicio que no pudiera obtenerse de otra manera. Su valor está enteramente en quién conocen.

Y los contribuyentes pagan el costo. Millones de dólares en comisiones que podrían haber ido a producción de contenido, a medios genuinamente competitivos, o simplemente no haber sido gastados en absoluto.

Las grietas en la superficie

Lo interesante — y lo que hace que esta historia sea más que una anécdota sobre corrupción — es que generó fricción dentro de la Casa Blanca.

Esto sugiere algo importante: no todos en la administración Trump están cómodos con ciertos niveles de operación política descarada. O al menos, no todos quieren que sea tan visible.

Kristi Noem, quien como gobernadora de Dakota del Sur fue una voz importante del ala más conservadora del Partido Republicano, ahora está en el centro de una controversia que la pone incómoda. Ya sea porque genuinamente cuestiona la práctica, o porque simplemente no le gusta ser el rostro público de ella, el resultado es el mismo: tensión.

Esto importa porque muestra que incluso en administraciones donde los conflitos de interés parecen normalizados, hay límites. Hay un punto donde la operación se vuelve demasiado visible, demasiado descarada, y la gente que está cerca del poder comienza a sentir que necesita distancia.

El patrón más amplio

Esta historia no es un accidente. Es un ejemplo de un patrón que se ha vuelto central en la política estadounidense contemporánea: cómo el acceso al poder se monetiza.

Consultores, operadores, firmas de relaciones públicas — todos construyen negocios cuyo modelo es básicamente tener a la gente correcta en su velocímetro de contactos. Cuando esa gente llega al poder, esos contactos se convierten en contratos, comisiones, oportunidades.

No necesita ser ilegal para ser profundamente problemático. Y en un momento donde la fe en las instituciones públicas ya está en niveles históricos bajos, esto es gasolina en el fuego.

Lo que esto revela

Esta controversia dentro de la Casa Blanca sobre los anuncios del DHS es un recordatorio de algo incómodo: la política estadounidense no funciona fundamentalmente diferente de un mercado. El poder es un recurso escaso, y como todos los recursos escasos, se distribuye desigualmente.

Quienes tienen acceso — ya sea porque conocen a la gente correcta, porque donaron a las campañas correctas, porque trabajaron en administraciones anteriores — pueden convertir ese acceso en dinero.

Y eso tiene consecuencias. Significa que las decisiones sobre cómo gastar dinero público a menudo no se toman basándose en eficiencia o en el bien común, sino en quién conoce a quién.

La investigación de Mueller sobre interferencia rusa en 2016 fue, en parte, sobre cómo potencias extranjeras intentan socavar la democracia estadounidense. Pero hay un tipo de socavamiento que sucede desde adentro, todos los días, sin necesidad de agentes rusos: es cuando los mecanismos de decisión pública se capturan por intereses privados.

Esta historia del DHS es un ejemplo más de eso. Un pequeño, específico, cuantificable ejemplo. Y mientras siga siendo posible, mientras siga siendo legal, seguirá sucediendo.


Por Alejandra Flores