Nueva York, Atlanta y Houston entre las ciudades donde el operativo ha paralizado terminales y extendido controles de seguridad por horas
Las terminales de catorce aeropuertos principales de Estados Unidos se convirtieron esta semana en zonas de operativo migratorio sin precedentes. Cientos de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) fueron desplegados simultáneamente en Nueva York, Atlanta, Houston y otras ciudades clave, generando colas que se extendieron por horas y dejando a miles de pasajeros atrapados en un laberinto de esperas, documentos y revisiones.
El operativo coincidió con los horarios de mayor afluencia en los aeropuertos, lo que provocó un efecto de parálisis en las terminales. Pasajeros reportaron esperas de entre tres y cinco horas solo para pasar por los controles de seguridad. Algunos perdieron vuelos. Otros se vieron obligados a permanecer en las terminales durante toda la noche.
"Vi a abuelitas llorando, familias completas sin saber qué hacer," contó María Jesús Rodríguez, una pasajera que viajaba desde Nueva York a Miami. "Los agentes estaban parados en las colas. La gente no sabía si los iban a detener o solo revisaban documentos."
Este tipo de operativos es parte de la estrategia cada vez más agresiva de control migratorio en los aeropuertos estadounidenses. A diferencia de los puestos fronterizos terrestres, donde los controles migratorios son predecibles, en los aeropuertos el despliegue sorpresivo genera pánico. Los viajeros, muchos de ellos ciudadanos estadounidenses, personas con visa de turista válida, o trabajadores con autorización, no saben a ciencia cierta qué están buscando los agentes ni bajo qué criterios son seleccionados para revisiones adicionales.
La Administración de Seguridad del Transporte (TSA) informó que el operativo no fue coordinado previamente con sus equipos, lo que significó que los protocolos de seguridad aeroportuaria se vieran interrumpidos. Mientras los agentes del TSA hacían su trabajo de revisar maletas y pasajeros por artefactos peligrosos, los agentes de ICE ejecutaban sus propias revisiones de documentación migratoria, creando un cuello de botella sin precedentes.
En Atlanta, uno de los aeropuertos más concurridos del mundo, los reportes indican que hubo momentos en que la mayoría de los puestos de seguridad estaban bloqueados. Los vendedores de comida en las terminales reportaron pérdidas significativas. Las aerolíneas comenzaron a recibir llamadas de pasajeros que no sabían si intentar salir del aeropuerto o esperar a que se despejara.
Lo más grave es que no hay claridad sobre los criterios de selección. Personas reportaron que agentes les preguntaban sobre su país de nacimiento, su ocupación, sus planes en el destino. Algunos fueron retenidos para entrevistas adicionales simplemente porque sus boletos habían sido comprados con poco tiempo de anticipación. Otros fueron cuestionados por viajar solos. Las prácticas sugieren perfilamiento racial y de clase: pasajeros con acento hispanohablante, asiático o africano reportaron más detenciones e interrogatorios que otros.
Esta es la realidad del control migratorio en Estados Unidos: se ejecuta desde arriba sin coordinación, sin planeación clara y con criterios que permanecen ocultos. Los viajeros no ciudadanos viven con el temor constante de que un aeropuerto, un puente fronterizo o una parada de tráfico se convierta en un punto de detención sin aviso previo.
Históricamente, los operativos sorpresivos de ICE en espacios de circulación pública han sido cuestionados por organizaciones de derechos humanos. En 2017, durante la primera administración Trump, se reportaron operativos similares que derivaron en cientos de detenciones en supermercados, estaciones de autobús y sí, en aeropuertos. La diferencia es que entonces había una resistencia mediática más visible.
Las organizaciones de defensa de derechos migratorios ya anunciaron que documentarán los casos de personas detenidas durante estos operativos. Señalan que muchos de los afectados probablemente fueron capturados bajo procedimientos que violarían sus derechos constitucionales.
Lo que sucedió esta semana en esos catorce aeropuertos es un indicador de hacia dónde se dirige la política migratoria de Estados Unidos: hacia la militarización de espacios civiles, hacia operativos sorpresivos que generan miedo, y hacia un sistema donde millones de personas —ciudadanas o no— viven con la incertidumbre de poder ser interrogadas, detenidas o expulsadas sin previo aviso.
La pregunta que debería hacerse no es por qué ICE desplegó cientos de agentes. La pregunta es: por cuánto tiempo más los estadounidenses aceptarán un aeropuerto como zona de guerra contra sus propios habitantes.
Por Fernando Lopez