El financiamiento sin fondos para deportaciones llega cuando los precios suben y la aprobación presidencial cae en picada
A primeras horas del viernes 27 de marzo, el Senado aprobó lo que parecía ser un acuerdo para terminar 40 días de caos: financiamiento para el Departamento de Seguridad Nacional. Pero lo que no está en ese proyecto de ley es casi tan importante como lo que sí.
No hay dinero para Inmigración y Aduanas (ICE).
Es un momento extraño en Washington. Mientras la Casa Blanca insiste en que Trump controla los eventos en Irán, mientras los precios de la gasolina suben y la aprobación presidencial cae hacia territorio políticamente peligroso, el Congreso acaba de tomar una decisión que enfurece a la base más dura de la derecha: dejar sin fondos a la agencia que han visto como su brazo represivo contra la inmigración.
La jugada no es accidental.
Este financiamiento sin ICE llega después de 40 días de cierre parcial que paralizó los aeropuertos estadounidenses. Los trabajadores de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) estaban a punto de perder otro cheque. El viernes 27 de marzo, Trump tuvo que firmar una orden ejecutiva para pagarles mientras el Senado negociaba. Ese es el nivel de caos en el que estamos: el presidente tiene que sacar órdenes ejecutivas para pagar a sus propios empleados federales.
Pero hay algo más profundo aquí.
Los senadores, incluso algunos republicanos, parecen estar cansados de la guerra con Irán. La administración Trump está persiguiendo lo que algunos describen como "dos salidas simultáneamente" del conflicto. Los mensajes contradictorios sobre los objetivos militares están frustrando incluso a republicanos de línea dura. Y mientras eso sucede, la economía estadounidense empieza a tambalearse.
Tres indicadores clave están en rojo.
Los precios de la gasolina suben. La aprobación de Trump desciende. Y el financiamiento de ICE desaparece del presupuesto.
Para las familias inmigrantes en Queens, en el sur de Los Ángeles, en cualquier comunidad donde ICE es una presencia cotidiana, este momento es extraño. No es victoria —el Senado no está eliminando ICE, solo dejando de financiarlo por ahora. Pero es un quiebre. Es una señal de que incluso en Washington, algo se está moviendo.
Dona Rosa, que trabaja en una lavandería en Astoria y tiene 22 años pagando impuestos sin estatus, no espera que esto signifique que pueda dormir tranquila. Pero cuando su abogada le explica lo que pasó en el Senado, suelta un suspiro. "Al menos alguien se dio cuenta", dice.
Alguien en el Congreso se dio cuenta de que detener a trabajadores, de que separar familias, de que aterrorizar comunidades cuesta dinero. Y decidieron que ese dinero, en este momento, no va a estar disponible.
Mientras tanto, en el CPAC en Dallas, la base conservadora se divide sobre Irán. Trump aparecerá en los nuevos dólares estadounidenses —un gesto que normalmente sería impensable en la historia monetaria estadounidense—, pero su aprobación cae. Steve Daines, senador republicano de Montana de dos mandatos, anuncia sorpresivamente su retiro. Los demócratas están preocupados por candidatos independientes. Todo el ecosistema político conservador está bajo estrés.
Y mientras todo esto sucede, mientras Trump intenta navegar dos guerras políticas internas a la vez —una sobre Irán, otra sobre quién va a controlar el Congreso—, la gente normal está viendo cómo suben los precios de la gasolina cada vez que abre el noticiero.
El financiamiento de DHS sin fondos para ICE es un acto político. Es un mensaje del Senado: algo tiene que cambiar. Pero también es insuficiente. Es una medida temporal en medio de una crisis que no es temporal.
Lo importante es quién lo notó primero y por qué.
No fue Trump. No fue la Casa Blanca insistiendo en control. Fueron senadores, algunos republicanos entre ellos, que miraron 40 días de caos en los aeropuertos, miraron las filas de trabajadores de TSA sin cheques, miraron sus propios números de aprobación cayendo, y dijeron: esto tiene que parar.
ICE seguirá existiendo. Pero sin financiamiento, al menos por ahora, es un cuerpo sin presupuesto. Y eso, en Washington, es casi lo único que importa.
Por Diana Torres