Irán ataca infraestructura energética mientras Trump advierte represalias contra puentes e instalaciones de energía. El precio del petróleo se dispara.

En la madrugada de esta semana, misiles y drones iraníes impactaron refinerías y plantas energéticas en el Golfo Pérsico, golpeando instalaciones en Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Simultáneamente, funcionarios iraníes reportaron la destrucción del puente Teherán-Karaj, una de las arterias viales más importantes que conecta la capital con la ciudad de Karaj. La respuesta de Washington no tardó: el presidente Trump advirtió que Estados Unidos atacará puentes e instalaciones de energía iraníes.

Para entender qué está en juego, empecemos por lo concreto. La refinería más grande de Kuwait sufrió daños con incendios en sus unidades. Kuwait produce aproximadamente 3.1 millones de barriles diarios de petróleo crudo. Esa refinería representa una parte significativa de la capacidad de procesamiento regional. Cuando una instalación así se quema, no solo afecta el suministro global de energía: afecta directamente el bolsillo de cada persona en México, en América Latina, en cualquier lugar donde el costo de la gasolina depende de lo que suceda a 12 mil kilómetros de distancia.

Esto es lo que muchos medios no explican cuando hablan de "volatilidad en los mercados". No es abstracto. En las ultimas horas, el precio del barril de petróleo ya ha subido. Eso significa que las gasolineras mexicanas pagarán más por cada litro que importan. Y eso significa que en poco tiempo, el mexicano promedio pagará más en la bomba. Una familia que gasta 800 pesos semanales en gasolina terminará gastando 900 o 950. Para un taxista, para un repartidor en moto, para alguien que tiene un negocio de transporte de carga, eso es la diferencia entre ganancia y pérdida.

Pero el conflicto no es solo sobre petróleo. La destrucción del puente Teherán-Karaj revela algo diferente: la escalada está apuntando ahora a la infraestructura civil. Un puente es vía de comunicación, es comercio, es movimiento de personas y bienes. Su destrucción no es un acto militar en sentido estrecho: es un golpe a la vida cotidiana de millones de iraníes que dependen de esa conexión para trabajar, estudiar, ir al hospital. Los iraníes que ya sufren inflación, escasez de medicinas, economía asfixiada por sanciones, acaban de perder una arteria vital.

La amenaza de Trump es escalar aún más. Advirtió ataques a puentes e instalaciones de energía iraníes. Si eso ocurre, estamos hablando de una guerra contra la infraestructura civil de un país de 90 millones de habitantes. Eso significa hambre, apagones, parálisis del transporte. Significa dolor real, medible, para gente que ya no puede más.

Desde una perspectiva geopolítica, esto es el resultado de decisiones tomadas hace años: la salida estadounidense del acuerdo nuclear con Irán en 2018 bajo Trump, las sanciones económicas máximas que siguieron, el asesinato del general Soleimani en 2020. Cada una de esas decisiones fue justificada con argumentos de seguridad nacional. Pero los costos reales cayeron sobre civiles: familias iraníes viendo el valor de sus ahorros desaparecer por inflación, empresas pequeñas quebradas, acceso a medicinas limitado.

Ahora, una nueva escalada militar amenaza con ampliar ese sufrimiento a toda la región. Y aquí está lo crucial que no se dice en los análisis convencionales: cuando el conflicto en el Golfo Pérsico se intensifica, los que pagan primero son los más pobres. Una persona rica puede absorber la suba del precio de la gasolina, de la electricidad, de los alimentos. Un trabajador que vive de su salario quincena a quincena no puede.

En México, dependemos de importaciones de energía, de componentes industriales, de cadenas globales que atraviesan esa región. Una escalada prolongada en el Golfo significaría no solo gasolina más cara: significaría encarecimiento en toda la canasta básica, porque el transporte se encarece, porque la energía se encarece, porque las incertidumbres ahuyentan inversión.

Los gobiernos y los medios hablarán de "estabilidad regional" y de "amenazas a la paz internacional". Eso es verdad. Pero traducido a la vida real: significa que las familias mexicanas, iraníes, kuwaitíes, de toda la región, están a punto de pagar un precio altísimo por un conflicto en el que tuvieron poco que decir.


Por Luis Ramos