En su primer discurso televisado sobre el conflicto en más de 30 días, el presidente promete una victoria inminente que Wall Street no acaba de creer

Donald Trump subió al podio nacional más de un mes después de que iniciara el enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán. En un discurso televisado dirigido al país, el presidente estadounidense aseguró que los objetivos militares en la guerra con Irán están «próximos a completarse» y que Estados Unidos logrará una victoria «muy pronto».

Las palabras fueron claras, el tono fue de resolución. Pero los mercados no se convencieron. Las bolsas mantuvieron su inquietud, los analistas siguieron dudando, y la brecha entre lo que Trump prometía desde Washington y lo que los inversionistas creían que sucedería en el terreno permanece tan abierta como cuando comenzó el conflicto.

Eso es lo revelador de este momento. No es tanto lo que Trump dijo, sino el silencio que lo rodea y lo que ese silencio significa para quienes tienen dinero en juego.

El vacío de explicación

Treinta días es mucho tiempo en una crisis internacional. Es tiempo suficiente para que las noticias lleguen del frente, para que los corresponsales documenten movimientos de tropas, para que los analistas militares tracen líneas en mapas y digan si están ganando o perdiendo. Treinta días es tiempo para que los ciudadanos normales se formen una idea de qué está pasando, basada en lo que ven y lo que escuchan.

El hecho de que Trump tardara más de un mes en dirigirse directamente al país sobre una guerra en curso es en sí mismo un mensaje. ¿Qué estaba esperando? ¿Noticias mejores? ¿Claridad sobre qué objetivos se habían alcanzado? ¿Tiempo para que la población procesara lo que estaba sucediendo sin interferencia presidencial?

Cuando finalmente habló, la promesa fue vaga: «próximo a completarse», «muy pronto». Son palabras que no comprometen, que no especifican fechas, que dejan abierta la puerta para que cualquier cosa que suceda en los próximos días pueda reinterpretarse como victoria.

Lo que Wall Street no cree

Los mercados financieros son como el canario en la mina de un sistema económico. No mienten sobre lo que sucede en el mundo porque no pueden permitirse el lujo de la política. Su única lealtad es a la realidad de las ganancias y las pérdidas.

Que los mercados hayan mantenido su inquietud después del discurso presidencial dice algo muy específico: los inversionistas no creen que la guerra esté cerca de su fin. No creen que los objetivos estén próximos a completarse. Probablemente dudan incluso de cuáles son esos objetivos.

Esa inquietud tiene consecuencias materiales. Para las familias estadounidenses con fondos de pensión, para los trabajadores que dependen de empleos en sectores que responden a la volatilidad de los mercados internacionales, para las pequeñas empresas que dependen de cadenas de suministro globales. La incertidumbre es costosa.

La pregunta que nadie responde

En toda esta historia hay una pregunta fundamental que Trump no respondió: qué significa «completar los objetivos». ¿La eliminación de una persona? ¿El control territorial? ¿Una reparación geopolítica? ¿Un cambio de régimen?

Hasta ahora, el gobierno estadounidense no ha sido claro sobre esto. Y esa falta de claridad es sospechosa. Si los objetivos fueran simples y alcanzables, ¿por qué no decirlos? Si fueran objetivos limitados, ¿por qué el lenguaje vago de una «guerra» en lugar de «operación limitada»?

La historia del siglo XXI estadounidense está llena de promesas presidenciales de guerras «cortas» que se convirtieron en ocupaciones de dos décadas. Irak fue a «completar objetivos rápidamente» hace veinte años. Afghanistan duró veinte años. Los mercados recordarán eso.

El verdadero costo

Mientras Trump promete desde el podio, hay personas reales pagando el precio. Soldados estadounidenses en territorio en disputa. Civiles en Irán viviendo bajo la amenaza de bombardeos. Familias en Medio Oriente separadas por fronteras que las potencias occidentales trazaron sin pedirles permiso hace un siglo.

Y hay trabajadores estadounidenses que verán cómo los costos de una guerra indefinida llegan a sus facturas de electricidad, a los precios en el supermercado, a los seguros médicos.

Trump puede prometer victorias desde Washington. Pero mientras los mercados duden, mientras Wall Street mantenga su inquietud, mientras nadie sepa realmente qué se está tratando de lograr, la guerra seguirá. Y sus costos seguirán siendo reales para gente que nunca fue consultada sobre si quería este conflicto.

Ese es el silencio verdadero que importa. No el de los treinta días antes del discurso. El de las respuestas que no llegaron.


Por Fernando Lopez