Los demócratas fracasan en su intento de limitar poderes presidenciales. La Cámara intentará de nuevo el jueves, pero el panorama es desolador.
Mientras una familia en Cleveland se pregunta si su hijo será reclutado, mientras un padre en Houston calcula cuántos meses de ahorros tiene para cuando las cosas se salgan de control, el Senado de Estados Unidos acaba de votar. Y votó mal.
El Senado rechazó una medida que hubiera limitado los poderes de guerra del Presidente Trump contra Irán. Fue una votación de líneas partidistas predecibles: los republicanos en bloque, algunos demócratas tal vez buscando parecer moderados, y el resultado: otro fracaso de los frenos y contrapesos que se suponía que debían proteger a los ciudadanos de una guerra unilateral.
Lo que pasó y qué significa
Los demócratas presentaron una medida para restringir las acciones militares presidenciales contra Irán. No es una idea excéntrica. Es un mecanismo constitucional básico: el Congreso, no el presidente en solitario, tiene el poder de declarar la guerra. Eso está en la Constitución. Pero ese papel del Congreso ha sido erosionado durante décadas, administración tras administración, hasta que hoy un presidente puede básicamente tomar decisiones de vida o muerte sin necesidad de que 435 representantes y 100 senadores voten.
Esta medida hubiera sido un paso atrás en ese camino. Un intento pequeño de restaurar lo que la Constitución dice que debería ocurrir.
Fracasó en el Senado.
Por qué importa en la mesa de tu casa
La lógica es simple pero invisible en la mayoría de la cobertura que leerás en medios convencionales: cuando el presidente tiene poder ilimitado para iniciar conflictos militares, el costo —no solo el monetario, sino el humano— recae sobre alguien. Y nunca sobre los que toman la decisión.
En 2003, cuando se aprobó la invasión de Irak con argumentos que resultaron ser mentiras, ¿quién pagó? Los 4,400 soldados estadounidenses que murieron no fueron hijos de senadores. Las 600,000 muertes estimadas en Irak no fueron familias de diplomáticos. Fueron trabajadores, estudiantes, personas que no tenían otra opción que el uniforme porque sus posibilidades económicas en casa eran limitadas.
Un conflicto con Irán no sería diferente. Sería financiado con impuestos federales que podrían haberse usado en infraestructura, educación, salud. Serían principalmente soldados reclutados de comunidades donde el desempleo es alto y la promesa de entrenamiento y beneficios suena como la única salida.
Y mientras tanto, los contratistas de defensa —Lockheed Martin, Raytheon, Boeing— verían aumentar sus acciones en bolsa. Sus ejecutivos ganarían bonificaciones. Los accionistas cobrarían dividendos. Es un mecanismo de transferencia de recursos del público al sector privado, usando el lenguaje de la seguridad nacional.
La Cámara intenta de nuevo el jueves
La Cámara de Representantes votará sobre una medida similar el jueves 5 de marzo. Pero el clima político es el mismo. Los republicanos controlan ambas cámaras. Algunos demócratas buscan parecer "fuertes" en seguridad nacional en lugar de parecer "blandos" pidiendo que se consulte al Congreso antes de ir a la guerra.
Es una inversión de los términos. La verdadera fortaleza democrática está en exigir que las decisiones de guerra pasen por el debate legislativo. La debilidad está en ceder ese poder al ejecutivo porque es más rápido, porque no hay necesidad de explicar, de justificar, de someter la decisión al escrutinio público.
La pregunta que nadie hace
La cobertura mayoritaria dirá: "El Senado votó según líneas partidistas." Y dejará la nota ahí. Como si fuera un dato neutral. Como si los partidos estuvieran debatiendo abstracciones.
La pregunta que se debería hacer es: ¿quién se beneficia de que el Senado rechace esta medida? No es Estados Unidos como colectividad. Es específicamente: corporaciones de defensa, funcionarios que prefieren poder sin supervisión, y la lógica de que los conflictos internacionales se resuelven con poder militar, no con diplomacia.
Y ¿quién pierde? Los trabajadores cuyo dinero de impuestos financiaría una guerra. Los jóvenes sin opciones que terminarían alistándose. Las comunidades que necesitan esos recursos para escuelas, hospitales, vivienda.
La votación del jueves en la Cámara será simbólica probablemente. Pero es importante que la gente sepa quién votó a favor de limitar esos poderes y quién votó en contra. Porque cuando una guerra comience, y comenzará si el presidente tiene las manos libres para decidir, será importante recordar quién le dio esas manos libres.
Periodismo que nace de la gente.
Por Luis Ramos