Seis soldados muertos en Kuwait. Demócratas fracasan en intento de limitar autoridad presidencial. La máquina de guerra avanza sin supervisión legislativa.

El teléfono de Donna Mitchell no sonaba el domingo 1 de marzo. Normalmente, a esa hora, su hijo Marcus ya le había enviado un mensaje desde Puerto Shuaiba en Kuwait, donde trabaja como técnico en comunicaciones militares. Esta vez, el silencio duró todo el día.

Esa mañana, un dron iraní atravesó las defensas aéreas estadounidenses e impactó directamente un centro de comando en la base. Seis soldados murieron en el ataque. El Pentágono identificó a los fallecidos días después. Marcus Mitchell fue uno de ellos.

"Nadie me llamó," dice Donna en una llamada de WhatsApp desde su casa en Carolina del Norte. "Me enteré por Facebook. Seis familias se despertaron como yo esa mañana, esperando un mensaje que nunca llegó."

Mientras las familias de esos seis soldados asimilaban sus pérdidas, el Senado de Estados Unidos votaba en Washington. Los demócratas presentaron una medida para restringir las acciones militares del Presidente Trump contra Irán, exigiendo que cualquier operación de guerra requiriera aprobación del Congreso. La medida fracasó.

Fue una votación casi completamente dividida por líneas partidistas. Los republicanos, que controlan la cámara, bloquearon el intento de poner límites constitucionales al poder presidencial de guerra. Ninguno de ellos preguntó públicamente por qué el Presidente podía tomar decisiones que resultaban en ataúdes con banderas estadounidenses.

La Cámara de Representantes votará sobre una medida similar el jueves 5 de marzo. Los demócratas enfrentan las mismas probabilidades. Pero algo más ocurre esa semana que ningún votante debería ignorar.

El Secretario del Tesoro Scott Bessent anunció que Estados Unidos aumentará sus aranceles globales. No solo los mantiene — los expande. El arancel base subirá del 10 por ciento existente a un nivel no especificado públicamente. Eso significa que cuando Donna Mitchell compre comida, ropa, medicinas — todo lo que importamos — el costo subirá. Su salario de maestra de escuela no subirá con él.

"¿Saben qué es lo peor?" pregunta durante la llamada. "Que es todo al mismo tiempo. Mi hijo muere en una guerra sin declaración de guerra. Y al mismo tiempo el Congreso se niega a decir que no. Y al mismo tiempo me cobran más impuestos invisibles en cada cosa que compro."

No es una coincidencia. Es el patrón de cómo funciona el poder cuando una rama del gobierno abdica su responsabilidad.

En Texas, sucede algo diferente pero conectado. El Representante Dan Crenshaw, que durante años se presentó como un republicano "moderado" y pragmático, fue derrotado en su primaria por Steve Toth, un representante estatal que lo posicionó como insuficientemente conservador. El Presidente Trump ni siquiera lo endosó. El mensaje fue claro: no hay espacio para los que cuestionan.

Mientras tanto, en Minnesota, el estado presentó una demanda acusando a la administración Trump de retener fondos Medicaid. El argumento federal: Minnesota no está haciendo suficiente para combatir el fraude. Minnesota responde que su tasa de fraude está muy por debajo del promedio nacional. Es decir: les estamos quitando dinero para programas de salud de gente pobre basándonos en una acusación que sus propios datos desmienten.

Son todas historias de poder sin equilibrio.

Donna Mitchell trabajó como maestra durante 28 años. Pagó sus impuestos. Su hijo sirvió. Y esta semana ella vio cómo el Senado decidió que el Presidente no necesitaba permiso del Congreso para enviar a su hijo a morir. Vio cómo iban a subirle los precios. Vio cómo sus derechos de supervisión legislativa — ese mecanismo que en teoría protege a la gente de presidentes que toman decisiones solas — simplemente desaparecieron.

"Mi pregunta es," dice Donna, "¿a quién le tengo que hacer responsable? El Presidente dice que es su trabajo. El Senado dice que no es su trabajo detenerlo. ¿Y quién pagamos nosotros cuando todo termina mal?"

La respuesta está en la votación del Senado. En la retención de fondos de salud. En los aranceles que suben sin que nadie en el Congreso diga que no. La respuesta es: nosotros. Siempre nosotros.


Por Diana Torres