Febrero marca la caída más abrupta desde la pandemia. Mientras, en Washington, los tribunales frenan investigaciones a la Reserva Federal

Toronto — La cifra cayó como una piedra en el desierto: más de 100,000 empleos perdidos en enero y febrero. Febrero fue el peor mes desde la pandemia de COVID-19, una caída tan pronunciada que los analistas económicos canadienses no tenían precedentes cercanos para comparar. Y la causa, dicen los economistas con notable unanimidad, tiene un nombre: los aranceles estadounidenses.

Esta no es una crisis económica abstracta que se lee en reportes de Bloomberg. Es gente real que dejó de ir a trabajar a principios de año. Es trabajadores de plantas de manufactura en Ontario que recibieron avisos de despido. Es familias en pequeños pueblos del interior de Columbia Británica cuya economía depende de exportaciones a Estados Unidos y que ahora ven cómo sus fuentes de ingreso se secan.

"Es como si alguien hubiera apagado un interruptor," me dijo hace tres días David Chen, gerente de una planta de componentes automotrices en Oshawa, Ontario. Su empresa ya perdió el 30% de su capacidad operativa. "Nuestros clientes estadounidenses simplemente pararon órdenes. Nadie sabe qué va a pasar mañana."

La interdependencia comercial entre Canadá y Estados Unidos no es una relación de iguales. Canadá exporta más del 75% de sus productos manufacturados al vecino del sur. Eso significa que cuando Washington estornuda, Toronto se resfría. Y en 2026, Washington no solo estornudó: tosió aranceles.

Lo que hace particularmente brutal este momento es la velocidad. Febrero fue la caída más abrupta en empleo desde que el COVID-19 cerró la economía en 2020. Pero mientras en 2020 había cierta comprensión de que era una emergencia sanitaria temporal, ahora los trabajadores canadienses enfrentan una incertidumbre de largo plazo. ¿Por cuánto tiempo van a durar estos aranceles? ¿Se van a intensificar?

En Vancouver, hablé con Martha Okonkwo, quien trabajaba en una fábrica de productos de madera que exportaba a California. Hace tres semanas le dijeron que su posición era "redundante". Tiene 51 años, dos hijos en la universidad, una hipoteca. "Llevo 15 años en esa empresa," me dijo, mirando el café frío en sus manos. "Nunca pensé que estaría buscando trabajo a esta edad en una economía como esta."

Esta es la realidad de la integración comercial sin protecciones laborales reales. Canadá, bajo gobiernos conservadores y liberales, apostó todo al libre comercio y la desregulación. Ahora cosecha lo que sembró: una economía vulnerable a los caprichos políticos de un país que representa tres cuartas partes de su comercio exterior.

Y mientras Canadá se tambalea, hay otra historia que emerge desde Washington que dice algo importante sobre dónde están los poderes reales en Norteamérica. Un juez bloqueó las citaciones emitidas para investigar a la Reserva Federal. Determinó que no existe evidencia suficiente para justificar la investigación. Jeanine Pirro, quien impulsaba la investigación, ya anunció que apelará.

No es coincidencia que estas dos historias ocurran al mismo tiempo. La Reserva Federal, institución privada que controla la política monetaria estadounidense, permanece prácticamente inmune a cualquier escrutinio real de otros poderes. Mientras tanto, trabajadores canadienses pierden sus empleos por decisiones de política comercial estadounidense sobre las cuales no tuvieron voz ni voto.

Hay una ironía amarga aquí: Samuel Ramirez Jr., un fugitivo de la lista de los 10 más buscados del FBI, fue capturado en poco más de una hora después de ser agregado a la lista. Había evadido captura desde 2023. El sistema puede ser rápido y eficiente cuando se trata de encontrar a una persona. Pero cuando se trata de investigar la política monetaria de una institución que afecta a millones, de repente no hay "evidencia suficiente".

La crisis del empleo en Canadá no es una anomalía. Es el resultado previsible de un sistema donde dos gobiernos negocian políticas comerciales, aranceles y divisas, mientras trabajadores en ambos lados de la frontera cargan con las consecuencias. En Canadá son 100,000 empleos perdidos en dos meses. En Estados Unidos, los trabajadores de acero y aluminio celebran temporalmente, sin saber que la próxima ronda de aranceles de represalia los golpeará también.

Esta es la frontera económica de 2026: un lugar donde la geografía casi no importa, pero las decisiones de dos gobiernos impactan vidas reales, empleos reales, familias reales que simplemente quieren trabajar y mantener a sus hijos.


Por Martin Salazar