La justicia conservadora da otro golpe a la investigación del 6 de enero, permitiendo desestimar caso contra aliado de Trump

La Corte Suprema de Estados Unidos ordenó esta semana permitir que una corte inferior considere desestimar el caso de desacato contra Steve Bannon, el exasesor de Donald Trump que ya cumplió cuatro meses de prisión por negarse a responder la citación del comité de la Cámara que investigaba el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021.

La decisión es un nuevo giro en una historia que ilustra cómo la justicia estadounidense está procesando —o más bien, desmantelando— la rendición de cuentas por ese día. Bannon fue sentenciado a cuatro meses de cárcel en octubre de 2023 por desafiar directamente una orden de comparecencia del Select Committee to Investigate the January 6th Attack on the United States Capitol. Se negó a declarar. Se negó a entregar documentos. Fue condenado. Cumplió la condena. Y ahora, la Corte Suprema le abre una salida legal que podría cancelar toda la sentencia.

Esta es la mecánica del poder en Estados Unidos en 2024: la justicia superior, dominada por magistrados conservadores, recalibra constantemente los límites de lo que el trumpismo puede hacer sin consecuencias reales.

El desacato que nadie castiga

Bannon no fue procesado por participar en el ataque. Fue procesado por obstaculizar la investigación. Eso es importante. La Cámara de Representantes, en ese momento bajo control demócrata, emitió una citación formal. Bannon la ignoró. La justicia lo castigó. Pero el castigo resultó ser un trámite.

Durante cuatro meses estuvo en una prisión federal de bajo nivel. Luego salió. Y ahora la Corte Suprema permite que el tribunal de apelaciones considere si debería haber sido procesado en primer lugar.

La orden de la Corte Suprema se basa en un argumento técnico: si la orden de comparecencia fue válida. Es decir, si el comité de investigación tenía realmente autoridad para exigir que Bannon compareciera. Este es el tipo de argumento que parece insignificante hasta que te das cuenta de que está siendo usado para desmantelar toda una investigación.

El patrón se repite

Este no es un caso aislado. Es parte de un patrón: la justicia estadounidense se está volviendo cada vez más inhóspita para cualquier intento de responsabilizar a Trump o a sus aliados cercanos. El expresidente enfrenta múltiples indictments, pero sus abogados han logrado ralentizar casi todos los procesos. Ha ganado mociones de desestimación en algunos casos. En otros, ha conseguido que los juicios se pospongan indefinidamente.

Con Bannon ocurre algo más perverso: ya fue condenado, ya cumplió, y la máquina judicial sigue abriendo puertas hacia atrás para borrarlo todo.

Lo que está en juego

El caso de Bannon no es sobre un hombre. Es sobre si las instituciones democráticas pueden hacer que alguien rinda cuentas cuando se niega a cooperar. El comité de investigación del 6 de enero no fue un tribunal: fue una comisión legislativa. Su poder para citar testigos proviene del hecho de que el Congreso necesita información para legislar y para cumplir su función de supervisión del poder ejecutivo.

Si los funcionarios pueden ignorar esas citaciones sin consecuencias reales, entonces el Congreso se convierte en un órgano sin dientes. Ya no puede obtener información. Ya no puede investigar. Ya no puede supervisar.

Eso es lo que estamos viendo. No es una cuestión de si Bannon debería estar en prisión eternamente. Es una cuestión de si existe algún mecanismo institucional que obligue a los cercanos al poder a decir la verdad cuando se les pregunta.

Historicidad

Esto recordará a los estudiosos de la política estadounidense a otros momentos en los que la justicia se movió en dirección política. El indulto presidencial a los aliados de Nixon durante Watergate, décadas atrás, fue el primer gran ejemplo. Pero lo que estamos viendo ahora es más sutil: no es un indulto directo, es un tribunal superior que abre puerta tras puerta para hacer desaparecer los casos.

La Corte Suprema conservadora está haciendo lo que los tribunales conservadores han hecho históricamente en momentos de crisis: proteger al poder. No siempre lo hace explícitamente. A menudo lo hace bajo el disfraz de argumentos técnicos sobre procedimientos.

Pero al final, el resultado es el mismo: Steve Bannon estuvo cuatro meses en prisión por un delito que podría simplemente evaporarse. Y los aliados de Trump aprenden la lección: desafíen al Congreso, vayan a prisión si es necesario, pero al final la justicia encontrará la manera de sacarlo a uno.

Eso no es justicia. Es poder.


Por Fernando Lopez