Conflicto geopolítico dispara precios de energéticos y amenaza con trasladarse a la mesa de los mexicanos
En el tianguis de los martes de Ecatepec, Rogelio García lleva 23 años vendiendo gas para las cocinas del vecindario. Este mes, sus clientes empezaron a quejarse del recibo. "No es que haya subido un poquito", dice García mientras muestra facturas. "Es que no saben ya ni qué inventar para justificarlo."
García no ve directamente los cables de noticias sobre Irán, Israel, Houthis en el Golfo Pérsico o las refinerías en llamas. Pero sí ve cómo la economía global entra a su negocio cada vez que hay convulsión en Medio Oriente. Y ahora, los precios de petróleo y gas están en movimiento otra vez.
Cuando Medio Oriente estornuda, el mercado se resfría
El conflicto geopolítico en Medio Oriente está provocando volatilidad significativa en los precios de los energéticos globales, según registros del mercado internacional. Esta volatilidad —la subida y bajada impredecible de precios— es exactamente lo que hace más difícil planificar para empresarios pequeños, trabajadores por cuenta propia y familias que dependen del gas, la gasolina y la electricidad.
México es particularmente vulnerable a estas fluctuaciones porque no es autosuficiente en petróleo. Aunque México produce petróleo crudo —el país extrajo aproximadamente 1.7 millones de barriles diarios en 2023, según datos de Pemex— también importa gasolina, diésel y gas natural. Cuando los precios internacionales suben, los costos de importación suben, y aunque el gobierno intenta absorber parte de esa subida con subsidios, eventualmente llega a los precios domésticos.
La cadena que toca a todos
La tortillería Doña María, a tres cuadras de la venta de gas de Rogelio, compra harina de maíz que viene parcialmente importada (o necesita gasolina para su distribución). Tiene hornos que consumen gas. Cada peso que sube el costo de producción es un peso que tiene que decidir si absorbe o traslada. "Si subo el precio del kilo de tortillas, mis clientes van a la otra esquina", explica la dueña. "Pero si no subo, me como la diferencia."
Eso que parece un problema de una tortillería es, multiplicado por millones de pequeñas empresas, un problema macroeconómico. Cuando los costos operativos suben sin que los negocios pequeños puedan trasladarlos completamente al cliente, lo que ocurre es una compresión de márgenes. Los dueños ganan menos. Los empleados reciben menores bonificaciones o crédito para horas extra. Los proveedores cobran más tarde.
El Banco de México monitorea constantemente estos efectos a través del índice de precios al consumidor. La volatilidad en energéticos es uno de los componentes que más influye en el cálculo de la inflación general, especialmente porque afecta no solo el costo del gas doméstico o la gasolina, sino también el transporte, la manufactura, la generación de electricidad.
Quién absorbe la factura
Hay una pregunta que aparentemente simple, pero que es el centro de cada decisión de política económica: ¿quién paga esta factura?
Si el precio del petróleo sube y el gobierno decide no subsidiar, los hogares de menores ingresos cargan el peso porque gastan un porcentaje mayor de su presupuesto en energía. Una familia que gasta el 25 por ciento de sus ingresos en electricidad y gas siente inmediatamente un aumento del 10 por ciento en estos servicios. Una familia que gasta el 2 por ciento casi no lo nota.
Si el gobierno subsidia —como ha hecho históricamente con combustibles— quién paga es el fisco, es decir, todos los contribuyentes, pero con un efecto particularmente desproporcionado porque los subsidios benefician más a quienes más consumen.
Si las empresas absorben el costo, cómo lo hacen se vuelve crucial: ¿reduciendo empleo, reduciendo salarios, reduciendo inversión en otros rubros, o aceptando márgenes menores?
Lo que está en juego ahora
La volatilidad en precios de energéticos no es simplemente una noticia de mercados. Es una decisión sobre quién en la sociedad mexicana tiene el colchón financiero para absorber shocks externos.
Rogelio García podría subir sus precios de distribución de gas. Pero sabe que sus clientes tienen un límite. Doña María podría dejar de hacer tortillas si sus márgenes se reducen más. Las familias que pagan recibos de luz cada mes simplemente ven crecer el número y se preguntan de dónde va a salir ese dinero.
En una economía donde más del 55 por ciento de los trabajadores están en la informalidad, según datos de INEGI, no hay paracaídas: no hay contrato que garantice que si los costos suben, alguien compensará. Hay solo decisiones encadenadas, tomadas por personas con información incompleta y márgenes muy estrechos.
Mientras los cables de noticias hablen del conflicto de Medio Oriente como un dato geopolítico lejano, en Ecatepec se entiende de otro modo: como un aumento en el costo de vivir, hoy incierto, posiblemente más alto mañana.
Por Julián Méndez