Otro mexicano muere bajo custodia del ICE en California. La cifra de connacionales fallecidos en centros de detención estadounidenses suma ya una docena.

Un mexicano más murió bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en un centro de procesamiento de California, según informó la Secretaría de Relaciones Exteriores. Con esta muerte, la cifra de connacionales fallecidos mientras estaban bajo custodia del ICE asciende a 12 casos reportados.

La noticia llega en medio de un creciente escrutinio sobre las condiciones en los centros de detención migratoria estadounidenses, donde miles de mexicanos pasan meses o años esperando resoluciones de sus casos migratorios. Los datos disponibles sugieren un patrón sistemático que permanece mayormente fuera de la cobertura informativa tanto en México como en Estados Unidos.

El contexto de la detención migratoria

Los centros de procesamiento del ICE no son cárceles tradicionales, aunque operan con lógicas de confinamiento similares. Según registros del propio ICE, la agencia mantiene bajo custodia a aproximadamente 25,000 personas diarias. México representa históricamente una proporción significativa de esa población, aunque la cifra exacta de mexicanos detenidos en cada momento no se publica regularmente en fuentes accesibles al público.

Lo que sí es documentado es que estas detenciones pueden durar meses. Un reporte de la American Civil Liberties Union (ACLU) de 2017 encontró que la duración promedio de detención por ICE era de 38 días, pero casos individuales se extienden a años. Durante ese tiempo, los detenidos dependen de la capacidad del sistema para proporcionarles atención médica básica.

Las muertes como indicador de negligencia

Las 12 muertes reportadas de mexicanos bajo custodia del ICE no representan la totalidad de decesos que ocurren en detención. En 2021, un análisis del medio investigativo The Intercept documentó que entre 2003 y 2020, al menos 258 personas murieron bajo custodia del ICE, aunque la agencia frecuentemente no proporciona información completa sobre las circunstancias de las muertes.

Lo significativo de este número es lo que revela: que personas que ingresaron vivas a centros de detención salieron en bolsas mortuorias. Las causas reportadas varían—algunos de suicidio, otros de condiciones médicas preexistentes que no fueron tratadas adecuadamente, algunos de infecciones que se propagaron en espacios superpoblados.

Desde una perspectiva de salud pública, una muerte bajo custodia estatal es un evento que genera investigaciones, auditorías, cambios de protocolo. Doce muertes de un grupo nacional específico debería generar preguntas más amplias: ¿Hay negligencia sistemática? ¿Hay patrones en los tipos de muertes? ¿Se implementan cambios después de cada muerte o el sistema continúa sin modificaciones?

La respuesta institucional

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México recibió la información sobre esta última muerte a través de canales diplomáticos. La SRE mantiene un registro de ciudadanos mexicanos que mueren en territorio estadounidense bajo custodia de autoridades, aunque estos reportes no siempre llegan a la cobertura de medios nacionales o internacionales.

Hasta hace poco, había poco flujo de información sobre qué sucede después de que la SRE registra estas muertes. ¿Se abren investigaciones? ¿Se demanda responsabilidad a las autoridades estadounidenses? ¿Reciben las familias mexicanas explicaciones sobre cómo murieron sus parientes?

En algunos casos documentados, las familias han tenido que recurrir a litigio internacional para obtener respuestas. Otros simplemente no reciben explicación alguna.

Lo que permanece invisible

Esta cifra de 12 muertes existe en una zona de sombra estadística. No está en los titulares de tecnología que hablan de "innovación en procesos de inmigración". No entra en los análisis sobre "eficiencia fronteriza". No aparece cuando se discuten los beneficios de sistemas de reconocimiento facial o de datos compartidos entre agencias de migración.

Y sin embargo, es directamente relevante. Porque quién muere bajo custodia, en qué condiciones muere, y si hay consecuencias por eso, define qué tan seguros son los sistemas que procesamos.

La próxima muerte probablemente ocurrirá. Es estadísticamente probable. La pregunta que debería formularse ahora es qué cambios pueden evitar la decimotercera, y si existe la voluntad política en ambos lados de la frontera para implementarlos.


Por Andrea Solís