La confirmación de Mullin en DHS expone las grietas del proyecto republicano en tiempos de crisis económica e internacional

Washington está en caos. El Departamento de Seguridad Nacional lleva cinco semanas sin financiamiento. La Reserva Federal mantiene las tasas de interés congeladas por temor a la inflación generada por la guerra con Irán. Y mientras tanto, el senador de Oklahoma Markwayne Mullin, nominado por Trump para dirigir la agencia más grande del gobierno federal en materia de seguridad fronteriza e inmigración, enfrentaba el miércoles una audiencia de confirmación donde quedó claro que ni siquiera su propio partido tiene fe en él.

Esta es la realidad del segundo mandato trumpista: un gobierno en crisis financiera, una economía amenazada por conflictos geopolíticos que escapan a su control, y un equipo de gobierno que inspira poco entusiasmo incluso entre los republicanos del Senado.

La crisis financiera del DHS

Quince años después de que Obama estableciera el Departamento de Seguridad Nacional como pilar de su estrategia de control migratorio, ahora está cerrado. No hay dinero. Los agentes fronterizos siguen trabajando sin pago. El sistema de detención de migrantes sigue funcionando, pero nadie sabe por cuánto tiempo. Y Trump, que hizo de la frontera el centro de su campaña, no ha encontrado la manera de conseguir los votos para financiar el gobierno que supuestamente vendría a "asegurar" la frontera.

Markwayne Mullin, su elegido para dirigir esta agencia quebrada, no es diplomático. Es un contratista de construcción de Oklahoma que ha sido senador desde 2023. En la audiencia del miércoles, enfrentó preguntas sobre cómo planeaba dirigir una agencia sin presupuesto, cómo se suponía que iba a implementar la deportación masiva que Trump prometió en campaña, y cuál era su plan para los miles de migrantes que siguen llegando a la frontera mientras el sistema de asilo se desmorona.

Los senadores demócratas lo presionaron sobre si estaba dispuesto a defender la independencia del DHS frente a presiones políticas del presidente. Los republicanos, más cautelosos, evitaban hacer preguntas directas que pusieran al nominado en una posición incómoda. Pero la tensión estaba ahí: el Senado sabe que el DHS necesita liderazgo profesional, no un ideólogo sin experiencia en seguridad nacional.

La economía bajo amenaza

Mientras todo esto ocurría en Capitol Hill, la Reserva Federal daba su veredicto sobre la salud económica del país: sin cambios. Las tasas de interés se mantienen congeladas.

Esta decisión es un duro golpe para Trump, quien ha presionado públicamente al banco central para que reduzca las tasas. Pero la Fed no puede ignorar lo que está pasando en el mundo: la guerra con Irán está disparando los precios, los mercados están nerviosos, y la inflación vuelve a ser una amenaza. Reducir las tasas ahora sería una apuesta demasiado arriesgada.

Para la gente que trabaja en Estados Unidos, esto significa algo simple: sin cambios en las tasas, los créditos siguen caros. Las hipotecas, los créditos de auto, las deudas de tarjetas. Los sueldos no alcanzan. Y el gobierno no puede ni financiarse a sí mismo.

Esta es la realidad de la economía trumpista después del primer mandato: descontrol fiscal, presupuestos desbordados, promesas incumplidas sobre reducción del gasto, y ahora una crisis de financiamiento que afecta agencias clave mientras el presidente presiona a la Fed para hacer exactamente lo que los mercados no pueden permitir.

El retorno inesperado de Bean

En medio de este caos, hay señales confusas sobre dónde están realmente los votos. En Illinois, Melissa Bean, una exrepresentante demócrata que fue derrotada hace años, regresó a la política con una victoria sorpresa en la primaria del distrito 8. Nadie la esperaba de vuelta — los sondeos la mostraban rezagada hace apenas semanas.

Pero Bean recibió apoyo masivo de AIPAC, el grupo de presión israelí, e inversión significativa de fondos relacionados con inteligencia artificial. Es decir: dinero corporativo, dinero de intereses especiales, dinero que no viene de la base demócrata sino de las élites económicas que quieren asegurarse de que sus intereses no cambien.

La vuelta de Bean es el símbolo de algo más profundo: tanto republicanos como demócratas están fracturados. Trump no puede ni financiar su propio gobierno. Los demócratas ven regresar a candidatos del establishment cuando deberían estar fortaleciendo caras nuevas. Y la gente que trabaja en Estados Unidos sigue esperando que alguien en Washington haga algo que mejore sus vidas.

La frontera sigue ahí, sin agencia que la administre. La economía sigue tambaleándose. Y el congreso sigue operando como si todo fuera normal.

No lo es.


Por Martin Salazar