Mientras reduce protecciones legales para inmigrantes, su administración negocia con Irán y enfrenta presión canadiense por aranceles

En las últimas semanas, la administración Trump ha movido varias fichas en el tablero de la política norteamericana, y todas parecen apuntar en la misma dirección: concentrar poder ejecutivo, reducir protecciones legales y reescribir los acuerdos que han gobernado las relaciones comerciales y diplomáticas de Estados Unidos durante décadas.

La más inmediata, la que afecta directamente a decenas de miles de migrantes cada año, es la transformación de la Junta de Apelaciones de Inmigración. Trump ha reducido el número de miembros en este órgano y lo ha poblado con sus propios designados, según reveló un análisis de NPR. El efecto es devastador: limita significativamente las protecciones de debido proceso disponibles para los inmigrantes que buscan apelar decisiones migratorias.

Piensa en lo que esto significa en términos concretos. Un inmigrante detenido en la frontera, separado de su familia, enfrenta una audiencia ante un juez. Ese juez ahora tiene menos colegas con los que discutir casos complejos, menos perspectivas en la sala de apelaciones si la decisión inicial es injusta. Y ese juez probablemente fue designado por Trump con un criterio claro: aplicar la ley migratoria con la máxima dureza posible.

Es un cambio estructural que transforma el sistema de inmigración de Estados Unidos. No es una nueva ley. No requirió votación del Congreso. Es ingeniería institucional, y es potente.

La frontera México-Estados Unidos no funciona en abstracto. Funciona a través de estos mecanismos: agentes de la Patrulla Fronteriza, oficiales de Inmigración y Aduanas, y luego, si hay recurso legal, jueces. Cada eslabón en esa cadena está siendo apretado. Cuando Trump reduce los jueces que pueden revisar decisiones, cuando llena esos puestos con personas alineadas con su agenda, está efectivamente eliminando uno de los últimos frenos institucionales que tienen los migrantes.

Mientras tanto, en otra esquina del tablero geopolítico, la administración está reescribiendo décadas de política exterior hacia Irán.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de Trump, ha sugerido al Congreso algo extraordinario: permitir que el petróleo iraní ya transportado en el mar pueda seguir circulando, reversando una política de sanciones que Estados Unidos ha mantenido durante años. Es una reversión que parecería contraria a la retórica agresiva de Trump hacia Irán durante su primer mandato.

Lo importante aquí no es la coherencia retórica, sino el resultado económico: abre puertas comerciales que habían estado cerradas. Petróleo más barato en el mercado mundial significa potencialmente gasolina más barata en las bombas estadounidenses. Es una movida que beneficia a los consumidores de corto plazo, pero que también beneficia a Irán y a cualquier país que quiera comprar su petróleo.

Es difícil saber si es una señal de negociación con Irán o simplemente pragmatismo económico. Pero revela algo: Trump no está amarrado a la doctrina de la administración anterior. Está dispuesto a reescribir reglas que parecían fijas.

Y luego está Canadá, nuestro vecino del norte, donde el líder conservador Pierre Poilievre ha optado por una estrategia inusual: ir directamente a la audiencia estadounidense.

Poilievre apareció en el podcast de Joe Rogan, el más escuchado del mundo, para presentar el caso contra los aranceles estadounidenses en productos canadienses. No fue a Washington a negociar en privado con funcionarios. Fue a un micrófono con millones de oyentes estadounidenses, buscando influir en la opinión pública estadounidense para presionar a Trump.

Es una táctica que refleja la realidad del poder político en 2025: a veces, persuadir a la gente común es más efectivo que negociar con diplomáticos. Rogan llega a decenas de millones de personas cada semana, muchas de ellas votantes estadounidenses. Si Poilievre puede convencerlos de que los aranceles les perjudican, la presión política sobre Trump crece.

Estos tres movimientos — el reordenamiento de la justicia migratoria, el giro en sanciones a Irán, la batalla pública sobre aranceles canadienses — muestran una administración que está usando todos los mecanismos disponibles: institucionales, diplomáticos, de comunicación.

Para quienes viven en la frontera, para quienes dependen del comercio con Canadá, para quienes simplemente quieren predecir qué viene después, el mensaje es claro: las reglas están siendo reescritas. Y esta vez, no hay muchos árbitros en el juego.


Por Martin Salazar